El último pétalo
Se cortejaban discretamente, ella tan risueña y él tan oscuro. Estaban enzarzados en un juego de tira y afloja que sabían que ninguno iba a ganar. Se dice que los polos opuestos se atraen pero nunca advirtieron que eran dos caras de la misma moneda. Mientras que ella, tan hermosa y serena, bailaba siguiendo al viento, él estaba presente, observándola a una distancia prudencial en la que no pudiera ser visto, pero había momentos en los que se acercaba y si ella le dejaba danzaba con ella, le hacía girar mientras que sus pies descalzos rozaban el césped, haciéndole cosquillas que le invitaban a quedarse. Con el tiempo cuando él no estaba ella echaba en falta su presencia, sentía que no podía seguir el ritmo sin él. Los pasos se hacían pesados, la hierba era más áspera y el viento ya no le resultaba agradable. Ahora era ella la que le llamaba, la que le rogaba que se quedase. Con él no bailaba mejor, pero se sentía cómoda en sus brazos. A veces era mejor que él la guiase a través de...