3º ESO


POESÍAS CON ANDAMIO

Alicia DO

Ya estamos en  MAYO 

Hace mucho CALOR

Las aves se ENFADAN

Porque ya no hay AMOR 

Pobre CALANDRIA

Ya no la quiere el RUISEÑOR 

Antes estaban ENAMORADOS 

Y ahora ya no hay AMOR 


Cuando por fin piensa que le QUIERE 

la despedida de esta vida EMPIEZA 

Cuando todo estaba bien, MUERE 

 De repente BOSTEZA 

y  tú VIENES 

¡ay por DIOS!

que es ESPAÑA 

la dueña de mi CORAZÓN




Blanca GP

POEMA


Una tarde de mayo

que hacía algo de calor

los osos polares se enfadan,

porque no encuentran el amor.


En el otro mundo las calandrias

con los esqueletos del  ruiseñor,

estaban enamorados enamorados

pero no les da tiempo a encontrar el amor.

Carlota Z

El atardecer del catorce mayo

bajo un árbol resguardándose del calor

todos se enfadan

tras esa búsqueda de amor


sin embargo tras el canto de la calandria 

acompañado por un ruiseñor

aquellos dos enamorados

encontraron el amor


sin darse cuenta de a quien quiere

la fuerte tormenta empieza

y aquel amor muere

mientras el ruiseñor bosteza


a nadie le importa si vienes 

más nada puede hacer Dios

tan ignorante como el reino de España

lo que más nos engaña en el corazón


Hugo Z


Un día normal de mayo

en el que hacía calor

dos personas se enfadan

por su falta de amor

Alza el vuelo una calandria

sobrevuela el nido de un ruiseñor

dejaron de estar enamorados

por su falta de amor


Las personas de clase quieren

acabar la clase en cuanto empieza

de aburrimiento se mueren

pues todo el mundo bosteza


Alegraros que hoy es viernes

y hasta el lunes no hay clase, ¡Dios!

vivan las costumbres de España

digo de todo corazón




Texto a partir de un final. Estos son ejemplos muy buenos de cómo aplicar esta técnica.

Un Viaje Inesperado 

Leire BS


Todo empezó un día cualquiera. Yo estaba en mi casa de Los Ángeles y acababa de terminar de comer y cómo de costumbre era mi hora de la siesta. Me fui al sofá y me dormí. No había pasado mucho tiempo desde que me tumbé y, de repente, empezaron a sonar unos ruidos que me desvelaron. Sonaban cómo si alguien estuviera pegando golpes a algo. No le di importancia, pero al final acabé levantándome y fui a ver lo que pasaba. Me dirigí hacia la entrada (que es de donde venía el ruido) y me di cuenta de que los golpes eran a la puerta de mi casa. Fui a abrir la puerta pero se cayó sin que yo llegara a tocarla y vi a unos cinco policías armados. No entendía nada, estaba superconfuso, intenté preguntar pero lo único que dijeron fue: 


«Tiene derecho a un abogado, todo lo que diga podrá ser usado en su contra».


 Mientras me esposaba bruscamente el que parecía estar al mando, los otros cuatro (sin dejar de apuntarme con sus armas) empezaron a registrar mi casa. Salieron enfadados y le dijeron al que me tenía agarrado: «Jefe, la tenemos». Así que me empujó afuera y me metió en el coche. Mientras me llevaban a comisaría, yo intentaba comprender lo que estaba pasando y seguía sin entender nada pero, cada vez que hablaba, bueno, cada vez que intentaba hablar, me repetían que todo lo que dijese podría ser usado en mi contra. Así que por mi bien, me callé y no volví a decir nada más hasta que llegamos a la comisaría. Me metieron en una sala a oscuras y me sentaron en una silla  esposado a ella y encendieron un foco de luz enorme y molesto que me apuntaba a la cara. 


Seguía sin entender nada cuando, de repente, entró uno de los policías y me empezó a hacer preguntas sobre por qué había un arma en mi casa y por qué había matado a alguien. Ante mi silencio causado por la ignorancia sobre lo que me preguntaba, el policía pensó que no estaba colaborando y que lo único que decía era que yo no había sido. Él no me creía, así que salió indignado de la sala y unos minutos después me dijeron que estaba a espera de juicio porque aunque yo decía de que no había matado a nadie, había un testigo que decía que me vio disparar y matar al hombre, lo cual me resultó impactante. No dije nada porque me quedé boquiabierto sin saber qué decir. 


Me dijeron que faltaban tres semanas para el juicio y yo me negaba a estar 10 años en prisión por algo que no había hecho. Sabía perfectamente que no iba a ganar el juicio por muy justo que fuese. Así que, cómo cualquiera hubiese hecho o por lo menos yo, me decidí a planear mi huida del país, era la única forma de evitar acabar en prisión. Pasaron dos semanas, y cuando solo quedaba una para el juicio que determinaría si iría o no a la cárcel, yo ya tenía mi plan pensado a la perfección para poder escapar. 


Según lo planeado me tenía que ir de casa el día antes del juicio justo después de comer. A ver, he tenido que esperar al último día para poner en marcha el plan porque todos los días, una vez por la mañana y otra por la tarde, venían un par de policías a ver si estaba en casa y qué estaba haciendo. Entonces había llegado el día. Me puse en el sofá con el ordenador y el pijama y me quedé ahí casi toda la mañana hasta que llegaron los policías, entonces les abrí la puerta. Vieron que todo estaba bajo control y se fueron. Una vez cerré la puerta me puse en marcha, me vestí, comí, cogí la pequeña mochila donde tenía todo lo necesario y me dispuse a salir, pero por la puerta de atrás. Me subí al coche y empecé el trayecto hasta el aeropuerto. Apenas había salido del barrio cuando de repente vi que había un control de policía unos kilómetros más adelante. Estaba de los nervios pero seguí hacia delante para no levantar sospechas. Llegué, paré el coche y me dijo el policía:


—Permiso y documentación.


Yo me dispuse a sacarlo y cuando vio mi nombre se asomó a la ventanilla y me dijo: 


—¿A dónde crees que vas?


Yo super nervioso le dije que al supermercado. Se quedó mirándome y me dijo que saliera del coche y abriera el maletero. Estaba a punto de un infarto porque ahí tenía mi mochila con todo y si la veía...bueno preferí no imaginarlo. 
Mientras salía me apuntaba con la pistola, por si se me ocurría hacer alguna estupidez, y le dijo a su compañero que avisara a la central de que yo me dirigía al supermercado y que estuvieran atentos. 
Me dispuse a abrir la puerta del maletero, el compañero le dijo algo al otro policía. No sé cómo, pero me dijo: 


—Bueno, déjalo pero más te vale no fugarte. Sudando y con el corazón a mil por hora me subí de nuevo al coche y seguí. Continué mi viaje y, afortunadamente conseguí llegar al aeropuerto sin ningún inconveniente más. 


Compré un billete de avión y me dirigí a la puerta de embarque, lo malo es que tenía que esperar unos treinta minutos porque el avión venía con retraso. Me estaba poniendo nervioso porque sabía que en veinte minutos los policías irían a mi casa a ver si estaba y qué estaba haciendo. Se darían cuenta e iría a buscarme toda la policía y en menos de dos segundos ya estaría de vuelta en la cárcel y probablemente con cadena perpetua. 


Me empezaron a sudar las manos, quedaban cinco minutos para que llegase el avión. Estaba impaciente hasta que lo vi aterrizar y vi bajar a toda la gente del avión. 


En menos de ocho minutos ya habían limpiado todo y estábamos subiendo a bordo. La cola iba rápido y por ahora todo iba bien, hasta que una vez sentados y preparados para despegar vi cómo los azafatos y azafatas estaban cuchicheando y estaban muy nerviosos. Yo decidí ir al baño (pero porque de verdad lo necesitaba). Entonces oí cómo unas personas, supongo que policías, iban uno a uno, asiento a asiento, preguntando por la documentación para ver si alguno era yo.


Entonces pensé que si salía del baño me iban a pillar y me llevarían con ellos. Lo cual no era una opción. Así que me quedé ahí, hiperventilando, por si decidían ver si había alguien en los baños. Por suerte no fue así, o de momento. Oí cómo se acercaban a donde yo estaba, mi corazón estaba a punto de estallar, pero de repente oí que una azafata le dijo a uno de los guardias que había otro vuelo que salía a la misma hora en el que podría estar la persona que ellos buscaban, o sea, yo. El policía se paró y todo enfadado salió corriendo del avión y se fue con los otros guardias al otro avión que salía en menos de cinco minutos. Entonces discretamente salí del baño y me senté de nuevo en mi asiento. Y ahí fue cuando me di cuenta de que estaba en un avión despegando dirigiéndome a la otra punta del mundo. Estaba muy sorprendido de cómo había conseguido salir con la mía con toda la policía entera me está buscando. ¿Me habrían dejado escapar adrede?


Encerrados

Por María L.

El 19 de mayo de 1996 el equipo de investigación y yo vivimos la experiencia que consiguió marcar un antes y un después en nuestras vidas. Era un día de trabajo como cualquier otro hasta que nos dijeron que fuéramos a investigar una casa totalmente abandonada, no sabíamos muy bien por qué, pero eso hicimos. La casa era espeluznante, parecía que estaba a punto de desmoronarse, por dentro tenía prácticamente el mismo aspecto. No entendíamos qué era lo que teníamos que investigar hasta que llegamos a lo que podría ser la habitación principal. Estuvimos mirando todos y cada uno de los recovecos hasta que llegamos al armario y vimos una especie de carta en una servilleta, manchada de gotas de sangre seca, comencé a leerla en voz alta para que mis compañeros pudieran escucharla también:

«No creo que nadie llegue a leer esto y si alguien lo hace seguramente yo ya no esté aquí, pero esta es mi historia…

Todo esto comenzó hace unos tres días, hoy es 12 de abril de 1995, o al menos eso creo. Cuatro amigos y yo necesitábamos algo de dinero y sabíamos que en esta casa vivía una persona ciega, pensamos que era la oportunidad perfecta, tampoco teníamos planeado llevarnos demasiado ya que nunca antes habíamos hecho esto y, desde luego, fue la peor decisión que podríamos haber tomado nunca.

Entramos a la casa el día 9 gracias a una ventana abierta de la parte de atrás, no oíamos nada y supusimos que estaría durmiendo ya que eran altas horas de la noche. Rápidamente, nos dividimos por toda la casa para buscar su cartera o cualquier lugar en el que pudiéramos encontrar algo de valor. Estuvimos buscando durante unos minutos y nada, ni rastro, entonces fue cuando decidimos subir a su habitación. Yo estaba muerta de miedo pero seguimos avanzando, entramos finalmente al dormitorio principal, el lugar en el que me encuentro ahora mismo. Fuimos poco a poco hasta que encontramos una pequeña caja fuerte, estuvimos buscando la llave durante unos pocos minutos hasta aquel momento en el que me giré y vi que tenía al hombre prácticamente pegado a mi espalda oliéndome el pelo y apuntándome con un arma. Se me paró el corazón durante unos instantes, cuando conseguí reaccionar noté como mi amigo me empujaba dando su vida por mi, entonces el hombre le disparó. Aunque no fuese así, sentí que la bala la había recibido yo, los ojos se me inundaron y corrí rápidamente a esconderme con el resto de mis compañeros a uno de los baños de esta tenebrosa casa. Estuvimos escondidos en el baño de la parte de abajo durante unas horas tratando de no hacer ningún ruido y con la esperanza de poder salir pronto de allí, en la casa no había ningún tipo de cobertura por lo que no pudimos llamar a la polícía y sentíamos que no teníamos ninguna escapatoria. Cuando dejamos de oír al hombre, uno de mis compañeros, harto, decidió salir, fue poco a poco para no hacer ruido hasta que pisó una parte del suelo que crujió y se oyó por toda la casa, entonces comenzó a correr hacia la puerta principal y pocos segundos antes de que oyéramos ese disparo proveniente de la entrada, nos gritó: “¡No hay escapatoria, la puerta y las ventanas están cerradas!” Entonces fue cuando todo se vino abajo, sabía que no iba a poder salir de esta de ninguna manera pero no estaba preparada para ello.

Sólo quedábamos dos y necesitábamos estar unidos para buscar alguna forma de salir de la casa, teníamos tanto miedo que éramos incapaces de pensar con claridad. Entonces fue cuando mi amigo me dijo: “algo tenemos que hacer, no podemos quedarnos aquí encerrados, alguna otra forma habrá para salir de este lugar” se dirigió a la puerta del baño y salió, yo deseaba que no le pasara nada y que consiguiera salir pero por desgracia, no fue así. Oí como se alejaba poco a poco de donde yo estaba e iba camino de la parte trasera de la casa, por donde habíamos entrado, dejé de escucharle por unos minutos y pensé que efectivamente lo había conseguido hasta que de pronto escuché aquellas grandes zancadas del hombre de nuevo. Yo por dentro me quería morir, nunca antes había sentido un miedo de ese calibre. Metí la cabeza entre las piernas pero ello no me impidió escuchar el grito de mi amigo y acto seguido como su cuerpo caía al suelo retumbando por toda la casa.

Sentía que yo sola no era capaz de seguir con esta tortura pero intenté descansar y por la mañana pensar con más claridad en lo que podría hacer. Me quedé despierta todo lo que quedaba de noche y rezando por que no viniera al cuarto de baño en el que me encontraba, ese fue el miedo que hizo que decidiera salir de allí. No sabía donde esconderme ni que hacer y una vez fuera pasé el peor momento de mi vida hasta entonces, me lo encontré sentado en el sofá del sombrío salón de la casa, a tan solo 2 o 3 metros de mí, no quería moverme pero tuve que hacerlo, no podía quedarme allí y supongo que por el miedo se me ocurrió la mala idea de subir a donde se encontraba su habitación, y eso hice, sin hacer ningún tipo de ruido subí, el cuerpo de mi amigo ya no estaba allí, solo quedaba una gran mancha de sangre, no pude mirar y me dirigí al armario, donde llevo encerrada desde entonces, hay un pequeño recoveco y ahí es donde me encuentro y donde encontré esta servilleta de papel en la que estoy escribiendo, desde que estoy aquí no ha venido ni una sola vez y sigo atemorizada por que venga, llevo más de 24 horas sin beber ni comer y no creo que pueda aguant…»

—Sigue leyendo, —me dijeron mis compañeros.

—Ojalá pudiera, la carta acaba aquí, les indiqué.

—Eso quiere decir que… —comenzó a decir dijo uno de ellos, yo le interrumpí, sabiendo lo que iba a comentar.

—Sí.

Ya sabíamos lo que había pasado y era la hora de volver para comenzar a escribir sobre ello, nos dispusimos a salir de aquella tenebrosa casa cuando vimos que la puerta estaba totalmente cerrada, fuimos a la de la parte trasera y también, miramos por las ventanas y vimos que estaban tapiadas con madera, estábamos encerrados y, de pronto, tuvimos la misma sensación que experimentamos al leer la carta de la chica, no podíamos salir.

Sara Caballero Jimeno. 

YO MISMO 

No sé, sinceramente, por qué me tocó a mí, por qué tuve que sufrir durante tantos años. Yo solo era un niño cuando empezaron a meterse conmigo, diciendo que yo tenía que jugar al fútbol, gustarme las niñas y hacer cosas de niños. Pero a mí lo que me apasionaba era el teatro. Todo, maquillaje, decorados y vestuario, era mágico. Empecé a sentirme libre con mis decisiones al principio, pero después los niños empezaron a meterse conmigo llamándome “maricón”. Yo pensaba que no era verdad, que yo era totalmente hetero, pero me di cuenta de que no era así cuando me encontré a mí mismo fui ya completamente feliz. Hubo un niño, Javier, que siempre se metía conmigo y sinceramente no lo entendía. ¡Pasé tantas noches sin dormir!, hasta que un día me encaré con él, pensaba que me iba a pegar, pero en lugar de eso me besó.


María Lestau

La gran decisión


Todo empezó el siete de septiembre, mi primer día de clase en el instituto. Desde siempre me ha costado hacer amigas, soy una persona un tanto introvertida y no solía encajar en ningún grupo como todas las demás. Pasaron algunas semanas y un día, harta de sentirme totalmente invisible, intenté acercarme a un grupo de chicas, aquella fue probablemente la peor decisión de mi vida, desde entonces mis días en aquel instituto se volvieron mi peor pesadilla, me seguían hasta casa para acorralarme y pegarme. Sentía que no podía hacer nada al respecto y no me veía con la capacidad de continuar con esa vida. Ahí estaba yo, al borde de ese alto edificio preguntándome si realmente me merecía la pena saltar y acabar con todo aquello que me estaba rompiendo por dentro. Claro que , desde esa altura, las cosas tomaron otra perspectiva.

 

Leire Bernardino Sancho

¿POR QUÉ?

 

LLevaba toda la vida en un mismo colegio, y poder cambiarme de instituto es lo que más feliz me hacía. He aguantado mucho sin poder hacer nada. No se lo he dicho a nadie. Me lo he estado guardando todo este tiempo, no quería preocupar a nadie. Aunque lo que yo no sabía es que guardármelo, solo empeoraba la situación. No sabía que lo que necesitaba era echarlo a la luz y quitarme ese gran peso de encima para que me ayudaran. Cada vez que llegaba a casa me encerraba en mi habitación y lloraba hasta que me quedaba sin lágrimas. Estaba convencido que la decisión de cambiarme de instituto iba a cambiar todo. Terminó el verano y estaba impaciente por empezar. Entonces llegó el primer día, me recogió el autobús y al subir vi a la persona que menos me esperaba. Eso cambió todo.

 

Relato con método de binomio fantástico 

  • Estricto
  • Frío

 

Mi último baño:

María Lestau

 

 

Hoy os contaré la historia de mi corta vida y la razón por la que decidí terminar con ella a mis 14 años de edad. Nací el 18 de marzo de 1999, día en el que mi madre falleció dejando a mi padre viudo con un bebe recién nacido. ¡Cómo me hubiera gustado quejarme solamente de que mi padre era muy estricto! Me culpaba de la muerte de mamá y es por ello por lo que en cuanto podía, se iba de casa y no regresaba hasta la mañana siguiente.  No tenía suficiente dinero como para mantenernos a los dos, sin embargo tampoco hacía ningún tipo de esfuerzo para conseguirlo. En cambio, me obligaba, a confeccionar trapos y telas para luego venderlos. Nunca pude negarme a hacer lo que me pedía, ya que me amenazaba con pegarme tal paliza que no podría volver a caminar en días. Me atemorizaba y pasé todas y cada una de las noches llorando, con un profundo dolor que sabía que nadie ni nada iba a conseguir aplacar saciar. Un día de abril del año 2013, llegó a casa, nunca le había visto tan sumamente demacrado, iba más borracho que nunca, entró en mi habitación me cogió del pelo y me tiró al suelo. Esa noche fue la gota que colmó el vaso para que tomara mi decisión.

Mi vida no tenía ningún sentido, había estado aguantando año tras año lo que nadie debería haber aguantado. Me metí en el baño, llené la bañera de agua y me metí en ella, cogí uno de los cuchillos con los que había sido amenazada por mi padre durante todo ese tiempo y, sin mirar, comencé a cortarme las muñecas, sentí como poco a poco mi cuerpo se enfriaba más y más, era una sensación extraña, veía como mi cuerpo iba perdiendo sangre a traves de esos dos largos y profundos cortes hasta que cerré los ojos y en el momento en el que ese frío alcanzó todas y cada una de las partes de mi cuerpo conseguí encontrar un lugar tranquilo y placentero al fin. 


 Leire (Unicornio blanco)

 

Era 1970. Un joven chico llamado Adrián llevaba mucho tiempo, desde que era pequeño, queriendo ser artista. Dibujaba, coloreaba, escribía, inventaba, creaba muchísimas cosas que tenía por toda la casa, lo que a sus padres no les hacía mucha gracia. Desafortunadamente un día, mientras jugaba al fútbol con sus amigas, Adrián corría tras la bola y tropezó, cayendo mal sobre la mano derecha, la que usaba como herramienta para sus manualidades.

Pasaron muchas semanas y seguía lesionado. Le molestaba mucho ni siquiera poder comer bien. Lo llevaron al médico, tras no haberle dado importancia al pensar que era un pequeño esguince y que se curaría al poco tiempo,  después de atenderlo les dijo que se había roto varios huesos de la mano y que no iba a poder hacer ningún tipo de esfuerzo porque tenía que estar en reposo varias semanas.

Pasaron tres semanas y empezó poco a poco a utilizar la mano pero seguía doliéndole mucho. Era un dolor constante y cada vez que intentaba pintar o escribir alguna historia se enfadaba porque no era capaz. Adrián estaba desesperado porque pintar colorear, escribir, crear… era su mayor hobby y se quería dedicar a ello. Pero no había manera, no lo conseguía. Como no lo quería aceptar, siguió forzando la mano y le empeoró. En el momento en el que se dio cuenta de que no era posible y que estaba empeorando, no salió de su habitación en tres días. Sin parar de llorar y romper todas las pinturas y demás cosas que había hecho. Sus padres decidieron llamar a un profesional que lo ayudara a superarlo.

El primer día que llegó, nadie sabe cómo, consiguió animar  a Adrián y le demostró que no era el final y que había muchas maneras de expresar su creatividad, por lo que Adrián se animó. Se propuso aprender a pintar con los pies (ahí empezó todo). Le costó bastante pero no se rindió y al cabo de meses de práctica comenzó a lograr buenos resultados y logró que siguiese aflorando el artista que tenía dentro. 


Proceso previo:

 

creatividad

alegría

creatividad

colores

cerámica

arte

pinceles

pinturas

objetos

pintura

pinzas

manualidades

creatividad

diseño

 




 

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