Me como algo y me transformo

 

LOS DÍAS EN LOS QUE NADA ES FÁCIL

 


Carolina BA

 

Yo pensaba que tenía amigos en los que confiar, pero al mirar atrás, no tenía a nadie. A medida que pasaba el tiempo, me sentía peor, me sentía sola. Pero una vez, me encontré a un extraño hombre, que vendía caramelos mágicos. Yo nunca creí en la magia, pero me encontraba tan mal, que probé, a ver qué pasaba. En cuanto me lo tragué, no sentí nada inusual. Pero a la mañana siguiente, todo estaba al revés. Al llegar al colegio, la gente me quería, me apreciaba, pero no entendía por qué. No sabía si creer en la magia, por un lado, no quería creer que fuese la magia, me gustaba creer, que me querían por ser como soy, pero por otro lado, sabía que las cosas no cambian de la noche a la mañana, y no tan radicalmente. Entonces decidí visitar a aquel hombre, para conseguir las respuestas que buscaba. Pero no encontré al hombre, en el sitio en que ayer me dio los caramelos. Le encontré, No había nada, solo un extenso descampado. Pero a la mañana siguiente, todo volvió a cambiar, todo volvió a ser como antes, la gente continuó despreciándome. Fui a visitar a aquel extraño hombre, y esta vez sí que lo encontré. Aquel hombre no estaba en su mejor estado, el hombre se encontraba herido, tirado en el suelo. Le pregunté si llamaba al médico y se sobresaltó nervioso, gritando que no. No entendí qué pasaba, pero no era el momento para preguntarle., Entonces fui corriendo a mi casa para coger el botiquín. Al regresar, el hombre había perdido demasiada sangre y no había mucho más que hacer. El hombre me dijo que cogiese el libro y que ahí encontraría las respuestas que buscaba. Justo antes de que diera su último suspiro, me dijo que corriese, que ahí corría peligro.

No podía creer que no hubiese salvado a aquel hombre. Pero cogí el libro y salí corriendo de aquel tenebroso lugar. Al llegar a mi casa, trasnoché para leer el libro y encontré lo que buscaba. Aquel caramelo que me tragué, me trasladaba a una dimensión alternativa, un día sí y otro no. El remedio que daba, para que esto dejara de ocurrir, era que debías lograr que tu dimensión alternativa fuese igual que tu dimensión. Pero no iba a ser fácil, que la gente me apreciara del día a la mañana. Cuando el mundo no te quiere, debes plantearte que quizá el problema eres tú. Entonces decidí cambiar mi forma de pensar, de ser, de todo, decidí cambiar todo. Haber, que mi dimensión alternativa no estaba mal, no, pero prefería todo tal y como era antes, aunque eso implicase el no tener amigos. Al cambiar mi forma de ser, la gente empezó a aceptarme, aunque no era yo del todo. Al cabo de un mes, todo continuaba igual, y entendí que la gente tenía que quererme por como era yo en verdad. ¿Pero y si ni yo sabía cómo era de verdad? Siempre he seguido un papel, para que me aceptasen, para no preocupar, para que pensasen que era fuerte, que no le temía a nada. Pero entonces entendí que debía empezar por aceptarme a mí misma, antes de intentar que me aceptasen. Busqué nuevas aficiones, escuché muchos tipos de música para encontrar mi estilo y, por último, empecé a confiar en alguien, a contar lo que me pasaba, pero cada palabra que salía de mi boca, me confundía más. 

Terminé entendiendo que, para ver si tenía amigos de verdad, lo que debía hacer era confiar en ellos, contarles mis preocupaciones para ver si me ayudaban.

De ese modo supe quienes estarían en los momentos difíciles y en quien apoyarme cuando mis piernas no me aguantasen.

Todo volvió a la normalidad, y mi dimensión habitual se convirtió en mi nueva dimensión deseada.


 

 

Mirka y Steff

 



Germán S.F.

 

Había una vez un planeta muy muy lejano. En este planeta vivían criaturas increíbles pero había una en especial que tenía algo característico. Todas las criaturas eran animales con muchas habilidades pero esta criatura tenía superpoderes. Esta criatura se llamaba Mirka, Mirka era un koala con supervelocidad con una habilidad especial para saltar y con unos músculos privilegiados.

Mirka no estaba a salvo en su dimensión ya que por sus superpoderes un científico muy poderoso quería experimentar con él. Un buen día Mirka iba corriendo por su poblado cuando un águila sabia lo detuvo y le dijo que debía irse. Esta sabia le proporcionó unas setas con las que podía viajar de un planeta a otro pero le dijo que solo podía utilizarlas en caso de emergencia. Mirka pensó bien en las opciones que tenía y eligió la Tierra. Mirka vivía escondido y solo en el planeta Tierra, en una cueva que él mismo había creado pero conocía todos los rincones del pueblo.

Su persona favorita era un policía cuyo nombre era  Steff pero que a Mirka le gustaba llamar míster rosquillas. Mirka nunca se aburría pero se sentía muy solo. Cuando era de noche iba a casa de Steff y se ponía a ver la tele con él desde fuera de la casa claro y sin que él se diera cuenta.

Un día Mirka se encontraba tan solo que se fue a jugar al baseball. Cuando estaba jugando se dio cuenta de que no tenía amigos ni siquiera conocidos y empezó a correr y correr hasta que produjo tanta energía que apagó a todo el pueblo. Las autoridades fueron al lugar y encontraron un pelo de Mirka. Ese pelo llevó a la policía hasta su casa así que ya no estaba seguro en su casa. Asustado por la situación fue al primer lugar que le pasó por la cabeza, la casa de Steff.

Cuando llegó hizo mucho ruido, ruido que alertó a Steff que salió con una pistola de dardos tranquilizantes. Cuando vio a Mirka empezó a gritar y Mirka con el susto lanzó tan fuerte sus setas que llegaron hasta la torre más alta de Nueva York. Mientras tanto el ejército empezó a discutir sobre el apagón y el pelo encontrado. Unos decían que no tenía nada que ver una cosa con la otra y otros que había que investigarlo más a fondo. Al final decidieron llamar al mejor científico jamás encontrado en la historia. Tenía cinco doctorados y tres carreras, se llamaba Electro y tenía en su poder la tecnología más avanzada del planeta.

Electro llegó a la ciudad y cuando le enseñaron el pelo alucinó, pensó que con tanta energía podría hacer todos los drones que él quisiera y ordenó la caza inmediata del animal.  Steff tenía a Mirka en su casa todavía sin saber lo que era. Empezaron a hablar y Mirka le contó que venía de otra dimensión y que estaba en peligro. Mirka le pidió ayuda a Steff para encontrar sus setas y poder irse del planeta lo antes posible. Steff al principio lo negó rotundamente pero le dio tanta pena que aceptó. Se subieron al coche y empezaron el viaje. El ejército los localizó y los puso en busca y captura para que todo aquel que los encontrase los atrapara. Cuando estaban en medio del viaje Electro envió a sus más poderosos drones para que acabaran  con Mirka. El dron casi destroza a los dos pero cuando consiguieron desmontarlo se multiplicó. El dron era tan destructivo que casi mata a Steff pero Mirka lo salvó en el último momento. Steff y Mirka consiguieron salir sanos y salvos y llegaron a un hotel donde alojarse. Mirka le contó a Steff que él siempre le ha estado observando y que lo conocía perfectamente, también le dijo que nunca había tenido un amigo desde que salió de su dimensión y que no se quería ir de la Tierra. Steff le recomendó hacer una lista con todas las cosas que quería hacer antes de irse y le prometió que le ayudaría a conseguirlo. En esa lista estaba beber un buen batido o jugar al baseball. Durante todo el viaje fueron haciendo la lista de Mirka.

Cuando llegaron a su destino y consiguieron subir a la torre, justo cuando Mirka iba a coger sus setas apareció Electro con una nave gigante y empezó a disparar. Mirka consiguió neutralizar las balas de Electro y tras una batalla legendaria consiguió meterle en la boca una seta a electro y se convirtió en un avión que viajó directamente a otra dimensión. Cuando la batalla acabó Mirka fue a enseñarle la última cosa de su lista a Steff y ponía «hacer un amigo de verdad» Steff cogió un boli y lo tachó. A día de hoy Mirka vive con Steff y su novia en una gran casa y por la noche ven la tele ahora sí desde el sofá.


 

La Transformación



Carmen F.L.

—¡Cuéntanos una historia, abuela! —me dice Tadalien.

—¡Sí, una de aventuras! —le apoya el pequeño Sam.

—Bueno, solo si es buena —rectificó Tadalien.

—De acuerdo, vale. No os pongáis nerviosos. Dejadme pensar… ¡Ah! esta os va a gustar. Va de cuando yo era joven…

Estaba tumbada en la cama, escuchando las risas del banquete. No me apetecía bajar ya que solo era para poner contentos a un puñado de príncipes y reyes demasiado presumidos y cursis como para que alguien en sus propias tierras les aguantase. Sin darme cuenta me quedé dormida. Cuando me desperté, era ya por la mañana. Me levanté, me vestí y bajé a desayunar. Cuando terminé, salí discretamente y me interné en el bosque.

Allí encontré, como siempre, la cabaña que había construido. Entré y me di cuenta de que no era la misma de siempre. Estaba demasiado recogida, olía a limpio y no a bosque y además había algo en la ventana. Un… Una especie de galletita. Me acerqué y la tiré por la ventana sin molestarme en mirarla. Cuando me di la vuelta para seguir con mis cosas, no llegué a oír cómo caía la galleta. Giré sobre mis talones y me asomé. No había nada en el suelo. Bajé rápidamente y corrí a ver más de cerca lo que había pasado. Debajo de la cabaña del árbol había un cuervo y el plato de la galleta estaba en el suelo, boca abajo, a su lado. No había galleta y el plato no se había roto. Me acerqué al cuervo y este no se movió. Lo acaricié con los dedos y este se acercó más, como si quisiera que le llevase conmigo. Lo cogí con delicadeza y lo llevé arriba, a la cabaña. Luego lo dejé en una manta, arrugada, que tenía para el invierno. No se movió de allí, mientras yo buscaba un poco de agua y algo de comida. No sabía muy bien qué relación tenía la galleta con el pobre cuervo, pero esa criatura necesitaba ayuda. Le dejé un plato con migas de pan y otro, más pequeño, con el agua. Terminé de ordenar la cabaña, a mi gusto, y me acerqué a ver cómo estaba el cuervo. Parecía que se encontraba mejor y más activo.

 

Me fui un momento, a cazar algo para comer, dejando al cuervo solo. Cuando volví a la cabaña, vi que el cuervo había desaparecido y en su lugar había una chica vestida con ropas sucias y con el pelo enredado. Parecía asustada. Me acerqué por la espalda y le toqué el hombro con delicadeza. Ella se sobresaltó, y al verme pareció relajarse y en sus ojos vi un brillo de alivio.

—¿Estás bien? —le pregunté —¿Qué haces aquí? ¿Has visto a un cuervo?—Insistí al ver que no reaccionaba.

—S… Sí… Sí estoy… Bien —dijo con dificultad. Tenía la voz ronca.

—El… cuervo… era… yo.

—Pero… ¿eso cómo es posible?—respondí confusa.

—La.. galleta.. que tiraste… Al comerla… Me transformé… en cuervo —respondió, esta vez con menos dificultad.

—¿Quieres que te lleve a tu casa? erm…. Oye, ¿dónde vives?

—En el bosque… donde el árbol más grande, hace una bifurcación… y…—Frunció el ceño, tratando de recordar— y… yo en realidad no vivo allí —siguió sorprendida —de hecho no sé ni dónde vivo… a lo mejor no vivo en ningún sitio… o no hay nadie que me esté esperando en casa… ufff. No sé qué hacer.—Terminó con un suspiro de agobio.

—No te preocupes, yo sí sé qué hacer—respondí con un brillo de determinación en los ojos.

—Y desde entonces la tata Salita y yo, vivimos en el castillo con vosotros.

Concluyo con una amplia sonrisa que me hace más arrugas en la cara. Los niños se vuelven hacia su madre, mi hija, y luego hacia su tata. Esta última sonríe y asiente, feliz con la cabeza.


 

Me como un pincel

 


Por Candela B.F.

Cuando me despierto es como si mi cuerpo no sintiera nada, como si estuviera vacío, como si dentro de él no hubiera nada…  Solo me siento colmada cuando mis dedos rozan la melodiosa punta de mi pincel, cuando empiezo a guiar su camino hasta volver a dejarlo florecer. Sin embargo, lo envidio con tanto vigor que a veces tiendo a derrochar todos sus colores sobre un cielo gris que les quita su color.

—Te envidio querido y complaciente pincel, no tienes libertad pero quieres tenerla y luchas por ella. Te envidio, desearía ser un objeto como tú, antes que tener que soportar la horrible y aburrida viveza de resolver y tener que volver a olvidar mis problemas una y otra vez como un simple peón...

Ya no quiero despertarme, he destrozado la única cosa que le daba un simple y pequeño sentido a mi vida. Me dirijo a los espacios en los que no disfruto estar, lugares donde la gente solo va pensando en sí mismos y no en cómo eso podría afectar a los demás.

He vuelto a encontrarte querido pincel, ya puedo encerrarte entre mis dedos y bailar contigo durante horas, escapando a otro mundo y encerrándote a ti en otro no tan maravilloso. Debería dejarte ir si de verdad te apreciara… o tal vez no. No eres más que un simple y ahora nuevo bailarín, que es forzado al elegir sus pasos. Todo es como un recuerdo, un recuerdo cercano y no agraciado. Debería dejarte ir, liberarte, dejarte ser feliz, después de todo eso no es lo que me paso a mí.


 

La sopa



Alicia D. O.

Su nombre era Elia Carranza y su comida favorita, la sopa de letras. A sus 9 años escribía redacciones que parecían de una escritora adulta profesional, no de una niña de cuarto de primaria. Sus profesores alucinaban con su forma de escribir, con lo bien que redactaba. Nadie entendía cómo eso era posible, cuando nunca le había gustado leer. 

Un día uno de sus profesores publicó un relato escrito por la joven alumna y la gente empezó a difundirlo en las redes sociales y a darle «me gusta». El profesor viendo como le gustaban a la gente, decidió seguir publicándolos a las espaldas de la familia.  Cuando la madre recibió uno de ellos a través  de WhatsApp empezó a investigar cómo había llegado ahí hasta que descubrió los inicios. Cuando lo hizo, no le sentó muy bien y se lo contó a su marido y ambos fueron a hablar con el profesor para preguntarle el por qué  lo había hecho sin avisar y el profesor se excusó diciendo que tenía miedo de que no le dejaran («mejor pedir perdón que permiso»), pero que esos relatos no se podían quedar en simples exámenes y tareas del colegio, tenían que salir a la luz y demostrar el gran talento que tenía la pequeña escritora. Tras meditarlo, coincidieron con el profesor en que los frutos del don de su hija deberían ser compartidos y decidieron crear una página web con los relatos de Elia. Dicha web alcanzó los 23 mil seguidores en menos de 24 horas. Ese proyecto fue un verdadero éxito. Durante ese tiempo Elia fue creciendo y madurando y siguió escribiendo. El día que se dio cuenta de que su talento era reconocido casi a nivel mundial, decidió que tenía que ser escritora hasta el día de su muerte.

Por desgracia, se fue un verano a Irlanda y allí no podía escribir, pero tampoco le dio mucha importancia. Pensó que tenía que ver o que se debía a que allí se estaba centrando en el inglés y no tenía casi tiempo para escribir. Durante su estancia, añoraba la sopa diaria, hablar en español y, por supuesto, la inspiración para escribir.

Años después, la  marca de su sopa favorita  sustituyó las letras por dibujos (cohetes, barcos, coches, animales, motos,...) para que los más pequeños pudieran pasarlo bien mientras comían.  Pero ese cambio afectó terriblemente a la gran escritora, que se percató de que, desde que ingería esa nueva sopa, era incapaz de escribir, Sin embargo, había mejorado mucho en dibujo, que se la daba muy mal desde muy pequeña.  El día en que su madre le dijo que dejara la escritura y se dedicara a la ilustración, su padre se fijó en que sus cohetes se parecían asombrosamente a los cohetes de la sopa. En ese momento se empezaron a descubrir que las capacidades de Elia se desarrollaban según las formas que contuviera la sopa. Cuando tenían esa hipótesis casi del todo segura, hicieron el experimento de darle a la chica sopa con formas geométricas (cuadrados, triángulos, círculos…) y de repente a la joven se le empezó a dar muy bien la geometría y llegó a un punto en el que no necesitaba más que un lápiz, sus manos y obviamente ingerir sopa con las formas mencionadas antes para realizar líneas sin regla, circunferencias sin compás y composiciones geométricas perfectas.

¡La hipótesis era correcta! Elia tenía un superpoder que funcionaba según lo que flotara en la sopa. A partir de entonces aprendieron a hacer la pasta de la sopa en casa y así podían dar la forma que les conviniera.


 

Veo a mis amigos





Marta S.V.

Hola, me llamo Lola, tengo 10 años, no tengo amigos, bueno en realidad sí, pero están muertos. La gente cree que estoy loca y me llaman Lola la loca, os voy a contar mi historia.

 

Yo tenía ocho años cuando esto ocurrió, estaba en una boda  de mis tíos jugando con Sara y Juan, ellos eran normales y yo también, hasta que Juan se fue a por un vaso de agua y unas patatas fritas, pensé que tardaba porque estaba gordo y su madre no le dejaba comer prácticamente nada, pero ya estaba tardando demasiado así que fui a buscarle y me encontré las luces de la cocina apagadas y tristemente a Juan lleno de sangre en el suelo debajo de una grande, y cuando digo grande es muy grande, lámpara.

 

Me tiré al suelo a llorar pero en ese mismo instante escuché, más bien noté a alguien detrás de mí, tenía una copa de vino rota y un cuchillo en la mano izquierda, no le puede reconocer, llevaba una máscara que le tapaba toda la cara. Allí fue cuando supe que no había sido un accidente y que mi mejor amigo había sido asesinado. Corrí lo más que pude hasta perder al enemigo de vista y llegar a la habitación donde estábamos jugando los tres minutos atrás, y me llevé una gran sorpresa al encontrarme con Sara en el suelo llena de sangre debajo de una estantería y un libro abierto por una página que ponía adiós, con la letra de Sara.

 

No recuerdo mucho más, solo policías, ambulancias y todos los adultos de la boda, la cual ya no me importaba en absoluto, mirando la escena del crimen, que por lo que escuché, les pareció que fue un accidente.

 

Y aquí estoy contando la historia de cuándo me volví loca o eso piensa la gente. Prometo que veo a mis amigos cada viernes a las doce de la noche, abro todos mis libros de mi estantería y salen mis amigos en forma de fantasma y me hablan. Mi madre me lleva al psicólogo, pero no funciona, incluso están insinuando llevarme a no sé qué sitio y borrarme la memoria.

 

Mi madre me dice que haga más amigos para que se me pase el trauma, pero a mí me gustan mis amigos. Un día decidí convertirme en fantasma para ir a vivir con ellos ya que nadie aquí me quería.


 




El bosque donde crecían zanahorias azules

         


                                   

Eva DH

 

«Dedicado a quienes me enseñaron o me ayudaron en cualquier situación. A los que me inspiraron, y los que me apoyaron en  este proceso. Esto iba a ser una mini-historia, pero al final es una mini-novela. Pongo esto porque es especial para mí que la gente sepa que me he esforzado».

 

 

 

 

 

Ahí me encontraba yo, corriendo por mi vida. Y no corriendo como un humano, sino como una chica invisible.

Esto es el final de mi historia, y para entenderlo, tendréis que comprender el principio.

 

Nos encontramos en el año 2458. Hace dos años, estaba cocinando al lado de Roboti, mi robot doméstico. Quería hacer sopa de zanahoria, pero no quedaban. Mi hermana tenía cinco años y yo 15, así que me tocaba cuidar de ella porque mis padres apenas estaban en casa. Sabía que no podía dejarla sola, así que la llevé a casa de mi vecina.

En mi pueblo apenas viven personas porque más de la mitad se mudaron por la leyenda de «las zanahorias azules», que dice que las personas desaparecen al comerlas. Sabía que no era verdad, así que decidí ir a buscar zanahorias. 

 

Se me ha olvidado contar un pequeño gran detalle. Tres años atrás, hubo un apocalipsis zombie. Nos escondemos aquí porque no hay zombies a más de cien km a la redonda. Mis padres viajan por dos motivos: el primero, para encontrar un lugar más seguro donde vivir, y el segundo, porque son zombieciters, las personas encargadas de matar a los zombies. A pesar de esto, en mi pueblo, la gente tiene más miedo a las zanahorias azules que a los zombies. 

 

Salí del pueblo, me adentré en el «sendero seguro» y vi un bosque. El camino se cortaba ahí. No sabía qué hacer y no podía regresar con las manos vacías. Entré en el bosque y un rato después encontré el huerto.

—Al fin— Pensé.

Efectivamente, las zanahorias eran azules. Me dio igual. Sabía que los zombies habían hecho mutar cosas. Recogí siete zanahorias, pero como tenía hambre, me comí una. Fue ahí cuando empecé a brillar. Estaba desapareciendo. Cerré los ojos, y cuando los abrí, no era humana. Era invisible. Salí de ese bosque asustada. Entré a mi casa y fui corriendo a mirarme al espejo, pero, no me vi...

Salí a la calle para ver si podía pedir ayuda, pero nadie me veía.

Estaba agobiada. Gritaba desesperada, hasta que de repente, una figura me tocó por detrás.

—¿Estás bien?— me preguntó.  Asustada contesté:

—¿¡Puedes verme!?

—Tranquila—me contestó. —Nosotros somos las personas desaparecidas. En realidad, solo somos invisibles, no hemos desaparecido. Nos podemos ver mutuamente porque ahora tu ojo capta cualquier cosa. Soy Laia, ¿y tú?

—¿Encantad…da? So…y An..dre..drea.—tartamudeé.

—No te preocupes, ya te acostumbrarás.—me dijo.

—¡Pero yo quiero volver con mi familia! ¡No ser invisible!

—Te entiendo. Yo tardé un año en acostumbrarme.

— Pe…pe…pero, ¿y mi hermana? Yo me encargo de cuidarla. ¡Debería haber alguna manera de ser visible! 

Empecé a llorar, y Laia me dijo algo: 

—Andrea… No llores. Sí que hay una manera, pero, es peligrosa: tiempo atrás mi mejor amiga volvió a ser visible. Ya llevábamos dos meses siendo invisibles, y ella echaba de menos a su familia. Consiguió hacer una fórmula, que consiste en… —me susurró  la receta de la pócima. 

Antes de beberla, me despedí de Laia. Yo había insistido en que viniese, pero se negaba rotundamente. A pesar de que solo habían pasado tres horas desde que nos conocimos, nos habíamos hecho amigas. 

Comencé a beber la poción y volví a brillar. Miré a Laia para despedirme, aunque sabía que me iba a estar viendo desde su mundo. 

Cuando me fue a hacer el gesto de «adiós» su cara cambió. 

—¡Espera, cuando llegues podrás…!— No pudo decir más.

Ignoré el comentario. Decidí ir corriendo por mi hermana, pero de repente, era invisible, luego, visible. ¿¡Qué me pasaba!?

 Decidí pararme. Se me pasó por la cabeza la idea de tener superpoderes, pero rápidamente la descarté.

Seguí corriendo hasta mi casa, aunque esos parpadeos no paraban. 

—¡Ahí está! ¡Rápido, cogerla!— Sonó por atrás.¿Era a mí a quién buscaban?

Me di la vuelta para comprobarlo, y me lanzaron una red, que por suerte, esquivé.

 

Ya está. Así comenzó mi historia. Ahora toca continuar:

 

—¡Ahhhhhhhhhhhhhhhhhhhh!

 

—¡Venga!, daos prisa, que ella es una joya —dijo alguien seriamente.

 

Me caí, y quedé paralizada viendo cómo venían hacia mí.

Era mi fin. Me lanzaron otra red, y acertaron.

Vi mi vida ante mis ojos: nacía, me compraban mi primer robot, nacía mi hermana, empezó el apocalipsis... Mis padres se marchaban, me volví invisible, conocí a Laia y me lanzaron la red...

Me agarraron y me tiraron pintura para no perderme de vista. Me metieron en un camión.

Cuando empezaron a cerrar las puertas y ya no tenía esperanza, apareció mi hermana llorando. 

—¡Dejad a mi hermana!— gritó.

Corrió hacia mí, pero la cosa se puso aún peor. Soltaron zombies.

Salieron corriendo tras mi hermana y la agarraron.

¿Iba a ser su final?

—¡Te quiero hermanita!— la grité sabiendo que era el fin de ambas.

Los zombies se abalanzaron sobre ella. Yo podía hacer poca cosa. Cada vez respiraba peor, y veía menos.

—¡Basta!—

—¡Déjalas en paz!

¡Era Laia! No me lo podía creer. Quise abrazarla, pero estaba inmóvil.

Ella quitó a los zombies de golpe y luego fue a por las personas de la camioneta.

Luchó contra ellos valientemente y ganó.

Mi hermana se acercó corriendo, mientras Laia me liberaba.

Me sacó de la red y me dio un abrazo.

Quise sonreír, pero solo salió tos de mi boca.

—Gracias por esta vida...

—¿¡Cómo?! ¿¡Te vas a morir ahora, de verdad!?

—¡No hermana! Yo te quiero…

—La amistad y la familia es lo más importante, y siempre estarán ahí.

Dejé de respirar.

Intenté volver, pero no pude. 

En su lugar, Roboti, mi primer robot, apareció, y me cogió.

Aunque yo estaba muerta podía ver como un ángel, y ¿¡qué hacía ahí Roboti, no debería estar en casa!? 

Empezó a intercambiar partes de mi cuerpo por uno de robot, y me devolvió la vida.

¡Era medio robot! A partir de ahora, viviría de esta manera y como ya podía respirar; las abracé.


 



Pablo. C el amable

 

Hugo L. Z.

Un día, hace mucho, mucho tiempo, en un pueblo en las afueras de Madrid había un hombre llamado Pablo. Este era un rico que despreciaba a todos por ser pobres y los hacía sus esclavos. Pero un día una persona llamada Vico vino al pueblo. Esa persona también era pobre, así que Pablo también lo esclavizó.

Vico cocinaba muy bien, por eso se convirtió en el chef de Pablo. Vico obedecía a Pablo aunque no le gustase, así que un día se cansó y le dio un bizcocho a Pablo, este se lo comió y  se convirtió en un simio. Todo el mundo se reía de él, ya nadie le obedecía. Todos le dieron las gracias a Vico porque todos estaban hartos de obedecer a Pablo. Entonces, ahora ellos esclavizaron a Pablo en un circo y si no obedecía le disparaban. Todo el mundo se reía de él porque trabajaba en un circo y siempre se caía y lo hacía mal. Pablo estaba muy cabreado así que decidió huir del pueblo.

Una vez lejos del pueblo, no tenía comida ni sitio para quedarse a descansar. Como era un mono, no tenía dinero y no podía pedir nada a los demás. Decidió ir a buscar otros monos para ver si ellos le daban refugio. Caminó durante días por desierto y montaña hasta que por fin llego a una selva donde encontró a unos monos muy amables con él.  Le dieron plátanos, refugio y agua. Él no entendía por qué esos monos eran amables con él si no les había ayudado ni se conocían ni nada. Pero eso pasaba porque él nunca había entendido qué era la amistad ni la amabilidad, porque él nunca había tenido una amistad ni había sido amable con alguien.

Los monos ahora se habían convertido en su nueva familia entre ellos se llevaban muy bien. Pablo había dejado de ser un caprichoso. Estaban muy felices todos pero, un día, Pablo volvió a ser un humano y los monos no lo reconocían y huyeron. Pablo se quedó solo llorando días y días entonces decidió cambiar de aspecto y volver a su pueblo como una persona nueva muy amable. Se cortó el pelo y se cambió de aspecto. En unos días llegó a su pueblo y ayudó en todo lo que podía y fue muy amable con todo el mundo. A todo el mundo le caía bien pablo aunque ahora se hacía llamar Jacob. Todo el mundo en el pueblo por fin era feliz pero, de repente, estalló una guerra entre rusos y madrileños. Miles de personas murieron acribilladas o explotadas. Pablo odiaba ver tanta matanza. Tuvo un plan para que volviera a haber ver paz: dijo que los rusos podían quedarse en Madrid y los madrileños en Rusia, todos aceptaron todo. Volvió la paz y Vico le dijo a Pablo

—¿Has aprendido la lección de ser amable pablo?

Y Pablo nunca jamás molestó a nadie más ni fue despreciable nunca más en toda su vida y pasó a ser parte de la historia como la persona más egoísta y arrogante del mundo, ahora era la más amable.

Me como algo y me transformo.

 


 

Noa E. N.

 

 

Puedo comerme cualquier cosa,

un paisaje de verano,

puedo comerme tus palabras,

puedo comerme un autobús lleno de gente impaciente, 

también la sensación de cerrar la puerta de casa después de mojarse por la lluvia, 

el primer pintalabios de mi madre

y el amor de  mis abuelos,

puedo comerme, si así lo deseo tus pensamientos,

y convertirme en todo y a veces en nada,

puedo convertirme en lo que como. 

No es ninguna broma, 

me comeré tus mentiras,

seré un mentiroso, 

me comeré tus besos,

seré un amoroso,

me comeré los días tristes 

y los transformare en mi estado interior, 

me comeré una gir divertido y seré un yoyó

me comeré el mundo entero

y así de importante seré yo. 

 

Estoy como un roble




Carlos S. PL

Me como un palo y me transformo, me transformo en un árbol, que ve pasar a la gente, que está feliz conociendo cada vez a más y más gente que pasea, corre, juega, que se enamora en ese precioso parque con preciosas flores alrededor. Que felicidad siento mientras pienso que nada podría estropear este día. Veo un perro corriendo detrás de una pelota que se acerca rápidamente hacia mí, y cuando llega, le veo y pienso que afortunados los árboles que pueden pasar el rato observando el paisaje, pero este pensamiento cambia cuando noto un leve cosquilleo en la raíz, era el pis del perro.

 

Desamor

 


Cecilia P.H.

 

«En la ciudad de Verona 

se encuentra sentado un pobre chico

víctima del desamor».

 



Me como algo y me transformo en agua

que intenta alcanzar el cielo 

para llegar a tus ojos.

 

Me como algo y me transformo en hormiga

intentando llegar al magma de tu corazón, 

pero me pierdo luchando por ser la persona

que toque las murallas de tu rostro, 

 —¡oh, qué duro es el amor

para alguien tan simple como yo!

 

El niño que reventó el mundo

 


Adrián M.S.

Hace mucho tiempo había un niño que le encantaba comer fruta. Le encantaba ir a la oficina de su padre porque enfrente había una frutería buenísima, había muchísimos tipos. A él le encantaban las picotas y las uvas. Un día vio una fruta nueva y el propietario le dijo que era una nueva fruta china. Le pareció rara pero era fruta y la tenía que probar. Cuando llegó a casa la partió por la mitad y vio que era blanca con cosas negras. Se la comió y estaba riquísima. A los tres días no fue al colegio porque no se encontraba bien. Empezó a estar raro y al sexto día se levantó con coronavirus. Pensaron que la fruta había venido infectada. Al día siguiente no era normal, se comportaba como un mono, iba saltando por la casa y se escapó para jugar en los árboles. Su madre no lo veía muy bien pero cuando usó unos prismáticos vio que era un gorila. Al rato se había ido y salió en las noticias que había atracado una tienda de armas y había cogido dinamita y lanzacohetes. Fue al colegio y cogió a todos sus profes y se los llevó a su guarida, los ató y se fue al colegio. Ya había salido todo el mundo y lo explotó entero. Cuando volvió a su guarida estaban allí. Lo único que quería era que le subieran la nota, llevaba mucho tiempo esperando para ello. Solo le ponían treses y cuatros. Luego cogió un arma intergaláctica y disparó. La tierra explotó y todo el mundo murió.


Interestelar




Valeria M.S.

Me como la luz y me transformo en una estrella que puede viajar a todos los rincones del mundo. Cuando es de noche en el cielo, brillo, extiendo una cálida  luz que guía a  los animales asustados en la oscuridad de la noche. Avanzo a través del universo, puedo ir a donde quiera. El universo es infinito, cuánto más avanzo más oscuro y sinuoso se vuelve todo, dejo de ver planetas, soles, estrellas, estoy sola.

Intento volver a mi planeta, pero no puedo, me he perdido el universo es inmenso, todo es igual. Echo de menos los árboles llenos de vida de la tierra, las personas que cuando te ven te saludan, los pájaros cantando por la mañana y todas las casas, parecidas por fuera pero únicas por dentro. Eso no lo voy a poder recuperar, ser estrella y ser inmortal está bien, pero poder reír, ser feliz y estar con los seres queridos, eso es único y es ser humano. Aunque eres mortal, cada año es increíble y único, se acaba pero se recuerda, vives sin parar y ves cosas nuevas, gente nueva, cada momento al máximo. Dejar las cosas para mañana, eso es ser inmortal, tienes todo el tiempo del mundo,  puedes hacer todo lo que quieras, hay tiempo, pero, ¿y cuando ya lo has hecho todo? ¿Qué te queda? Todo es igual, aburrido. ¿Y las nuevas experiencias? Ahora todo es eterno, lo bueno y lo malo, ¿es eso lo que quiero? No, claro que no, pero ya no hay vuelta atrás. 

Ya han pasado miles de años y todavía echo de menos a mi gente, y me detesto por haberme comido la luz.



LO COMO….Y ME TRANSFORMO

 


 


Alberto C.T.

 

 

Me como un trozo de magma y me transformo en un hombre de fuego. Me bebo una de mis lágrimas y me vuelvo invisible.

 

Así que me bebí una de mis lágrimas y me volví invisible. Solo me la bebía cuando me sentía mal, cuando quería estar solo, cuando me hacían daño. Pero a veces, a veces me hartaba de todo. Si me hacían mucho daño, me comía un trozo de magma y  empezaban a salirme llamas de todas partes, sobre todo de las manos, y cuando ya estaba totalmente cubierto de llamas iba a por la venganza y dañaba a aquel que me había dañado a mí.

 

Cuando le estaba dañando, me acordé de ojo por ojo y diente por diente. Se me venía a la cabeza cada vez que dañaba a alguien y yo lo decía en alto. Aquel que me dañaba ya no lo podía volver a repetir por distinto motivos y algunos de ellos, creme, no te interesan.

 

Pero, al final, el poder me acabó absorbiendo por completo y me volví loco.



 

 

Feliz Navidad





Joppe  T.

Fue a principios de diciembre cuando en una casa de California un niño llamado Jacob estaba celebrando su cumpleaños con su familia. La familia estaba comiendo, bailando y jugando muchos juegos, pero Jacob estaba sentado comiendo unas patatas fritas porque se habían olvidado de él. En ese momento vio a un niño afuera aburrido también. Jacob saludó y el niño le devolvió el saludo. Entonces Jacob salió a jugar con él y le preguntó cómo se llamaba. Se llamaba Joppe y decía que era de Bélgica. Empezaron a hablar y hablar y se hicieron mejores amigos. Pasaron 2 horas juntos, pero estaba oscureciendo así que fueron a su casa.

 

La semana siguiente se volvieron a ver después de la escuela y fueron a explorar el pueblo. Encontraron a otros niños que estaban siendo acosados, así que corrieron hacia los niños mayores y les dijeron que tenían que irse o llamarían a la policía. Cuando los matones se escaparon, Jacob y Joppe ayudaron a los dos niños, pero luego dijeron que eran gemelos y que se llamaban Yuko la niña y Kenji el niño. Después de hacer muchas preguntas, fueron a la estación de policía para decirles que robaron el teléfono de Kenji y el dinero de Yuko. Más tarde fueron a la casa de Jacob y les contaron todo a sus padres y les preguntaron si Kenji y Yuko podían dormir en su casa. Estuvieron de acuerdo porque no tenían hogar y Kenji y Yuko estaban tan agradecidos que dieron las gracias 1000 veces.

 

Todos se hicieron buenos amigos y los gemelos se pusieron a trabajar para ganar algo de dinero. El 18 de diciembre, cuando Jacob llegó a casa los gemelos aún no estaban en casa él estaba preocupado porque normalmente llegaban antes que él. Veinte minutos después llegaron con mucho dinero y Jacob les preguntó de dónde venía el dinero. Dijeron que lo ganaron trabajando mucho. Esa noche le dieron mucho dinero a la familia para agradecerles.

 

El 23 de diciembre fueron al centro comercial a comprar sus regalos para el Santa secreto que planearon. Comieron y compraron sus regalos. Después de eso, se fueron a casa para empacar los regalos y jugar a Fall Guys. También jugaron un juego especial que consistía en decir que comieron una comida especial como una hamburguesa especial y luego dibujaron en lo que se transformaron. El juego es bastante divertido porque ves muchos dibujos divertidos. Después de jugar, cogieron algo de comida del frigorífico y vieron una película navideña. Luego se fueron a dormir.

 

Al día siguiente por la tarde toda la familia fue a la casa de Joppe porque era una casa grande. Comenzaron a comer unos aperitivos y bebieron refrescos y vino. Se estaban divirtiendo mucho jugando y hablando. Un poco más tarde se sentaron alrededor del árbol de Navidad y comenzaron a dar los obsequios secretos de Papá Noel.

 

Jacob le dio a Kenji una katana, Kenji le dio a la mamá de Jacob un hermoso reloj, la mamá de Jacob le dio a Joppe una barra de chocolate y un refresco, Joppe le dio a Yuko una buena mochila, Yuko le dio al papá de Joppe un auto de ruedas calientes, el papá de Joppe le dio al papá de Jacob una maleta, la de Jacob papá le dio a la mamá de Joppe unos pendientes y la mamá de Joppe le dio a Jacob un juego de cocina. Después de eso, comieron la comida principal y se fueron a dormir.

 

Era la tarde del día 31 de diciembre cuando alguien llamó a la puerta. Era un vagabundo que pedía algo de comida. Jacob le preguntó si era su familia, y los hombres respondieron que no tenía familia. Jacob dijo que podía celebrar con sus amigos y familiares y los hombres estaban tan felices que saltó. Después de todo eso, todos fueron a cenar a la mesa principal. Eran las 23:59 y empezaron a contar 10,9,8,7,6,5,4,3,2,1, ¡¡¡Feliz Año Nuevo !!!

Saltaron y celebraron todos juntos y se lo pasaron muy bien gracias a la amistad que todos tenían.

 

 

 La leyenda de Changal




Vico A.

Hace muchísimos años en un pueblo llamado Barlovento en Gergovia, había dos amigos llamados Max y Charlie. Estaban en el parque jugando con una pelota al juego de cuantos toques podían hacer.

Cuando, de repente, un matón llamado Gregory y sus dos amigos llamados Jorge y Jermy llegaron y patearon la pelota.

—Oye, tío, eso no es agradable, —dijo Max.

—Bueno, no me importa, —dijo Gregory.

Max y Charlie fueron a buscar la pelota porque no querían iniciar una pelea.

Al día siguiente, Charlie invitó a Max a su casa para jugar en el bosque y trepar a los árboles mientras sus mamás hablaban (Max y Charlie eran muy buenos escaladores). Cuando fueron al árbol más alto y subieron a la cima, vieron algo muy extraño en las montañas. Se estaban volviendo morados.

Bajaron rápidamente del árbol y les contaron a sus mamás lo que estaba sucediendo. Sus mamás les dijeron que cuando llegaran a casa lo iban a ver a través del telescopio.

Cuando llegaron a casa, los niños fueron corriendo al techo y miraron a través del telescopio y la mancha había desaparecido, pero Max y Charlie sabían que la mancha estaba allí igual que antes.

Fueron a las montañas para averiguarlo. Al día siguiente, Max, Charlie y un montón de gente descubrieron de qué se trataba. Caminaron durante cuatro horas hasta llegar al lugar donde antes estaba la mancha violeta. Un tipo llamado Miguel dijo:

—Mira, hay una cueva,

Todas las personas (como cincuenta personas) entraron a la cueva con palos de golf. La cueva estuvo muy silenciosa hasta que escucharon un rugido pero continuaron caminando, luego escucharon un ratón, y por último escucharon una rana. Todos estaban muy confundidos cuando vieron un elefante, sabían que algo extraño estaba pasando. Comenzaron a caminar suavemente hacia el elefante, Miguel fue el primero en tocar al animal, cuando tocó al animal el animal se lo comió y se transformó en una mancha púrpura, por lo que pensaron en la hipótesis de «come y se transforma».

La semana siguiente había cien carros militares, quinientos militares y cincuenta y seis helicópteros militares custodiando la entrada a la cueva. Esperaron doce días por si hubiera cualquier actividad sospechosa. Hasta que un niño salió de la cueva, todos los militares se sorprendieron y lo llevaron a un laboratorio para que pudieran comenzar a examinarlo.

Lo examinaron durante veinte minutos hasta que encontraron que no tenía ningún órgano, solo una cosa muy extraña. Pensaron que eso era lo que come y se transforma. Lo encerraron en una jaula de titanio y le dieron una hamburguesa y se transformó. Así fue durante un mes hasta que se transformó en mosca y escapó. Todos los militares lo estaban buscando, Max y Charlie no querían que los militares lo siguieran maltratando así que fueron a buscarlo.

A las pocas horas lo encontraron y lo llevaron a un lugar muy lejano donde pudo irse feliz y relajado porque nadie lo iba a atrapar.


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