1º Eso
Juan
Noa EN
Juan es un hombre de 87 años, últimamente su cerebro falla, no recuerda bien del todo e incluso en alguna ocasión se ha caído. Se siente viejo y un estorbo, su hijo ha decidido llevarle a vivir a otro sitio.
—No te preocupes papá, te tratarán bien. Juan no tenía más remedio que creerle. Pero le daba miedo, ¿y si al entrar en ese sitio se aleja al completo del todo, o no ve a sus nietas más, y si se olvida de todo y...y si muere allí?.
A las 10:02 le despertó el pitido del coche de su hijo, se despertó y vio que tenía una maleta hecha a sus pies, tardó unos segundos en recordar por qué. Salió de la cama abriendo las sabanas de forma violenta y se quedó paralizado.Juan hacía tiempo que no recordaba nada de hace más de unos meses, pero...al mirar al suelo, vio una foto con unos cuantos cristales rotos, la cogió, seguía paralizado, sentado sobre la cama, la foto era…¿era él? Sí, él de pequeño. Aquella afirmación retumbó por su cabeza y de nuevo cogió aire y abrió bien los ojos.
«Recuerdo, ese, ese dia el 12, 13 de Mayo en la casa del prado. Recuerdo…»Juan se levantó con la foto en la mano y salió de la habitación, su casa estaba vacía, los muebles estaban llenos de huellas de polvo.
«Recuerdo correr libre por la cuesta de flores amarillas y caer rodando sobre todas ellas, recuerdo a lo lejos personas riendo juntas, con el paso sincronizado, recuerdo que todo era tan colorido que hasta los pájaros lo celebraban y que, al entrar en casa, el pan recién hecho llenaba mi pequeña boca de agua y el calor de gotas mi espalda».
Pero un nuevo pitido lo sobresaltó:
-¡¡¡PAPÁ!!!- se oyó desde fuera de la casa.
Juan movió la cabeza, cogió el abrigo y antes de cerrar la puerta, dejó la foto sobre la mesilla de entrada, la miró buscando algo, pero eso era todo lo que recordaba.
—Por fin...Papá. Estaba preocupado.
—No te preocupes hijo, estoy perfectamente.
Y con un portazo cerró la puerta del coche.
Donde acaba el mar, empieza el cielo
Noa E.N.
Intenté dormir, no podía, así que bajé a
la playa; mientras caminaba sobre la húmeda arena, mi mirada trataba de
encontrar donde acababa el cielo y empezaba el mar. De repente, mientras
andaba, mi pie siguió un frescor y caminó hasta sentir un pequeño chapoteo que
provocó un escalofrío por todo mi cuerpo. Seguí hundiéndome mientras las olas
me mecían y me cantaban, poco después me encontraba con medio cuerpo bajo el
agua e hipnotizada por una sensación adormida, cerré los ojos y me desplomé.
Floté durante unos instantes, me tomé la tranquilidad de sentir que me derretía
y me mezclaba con la serena espuma salada. Poco después, choqué contra la arena
y abrí los ojos de nuevo para encontrar un mar alto, un mar tan alto que parecía
el cielo que con la misma tranquilidad arropaba la tierra de noche y de día,
pero entonces la luna me recordó que seguía viva y me embargó la misma
sensación que al entrar en el agua y me quedé ahí mirando la luna que, de forma
inconsciente, iluminaba el camino a casa. Entonces encontré la separación entre
el mar y el cielo, busqué donde la luna se derretía como mi cuerpo hace un
instante: ahí empezaba el mar. Luego, miré más arriba y contemplé de nuevo la
fastuosa luna redonda y sólida, ahí empezaba el cielo.
La playa a medianoche; era la sensación de andar sobre la húmeda
arena oscura o de flotar dormido sobre el infinito espejo del cielo
estrellado, que derretía la luna al igual que mis sensaciones.
Mi cuerpo flotó olvidado durante instantes y sentí que la luna se
posaba sobre mi pecho y me llenaba de luz.
Y entonces descubrí el final del mar para encontrar el principio del
cielo.
Esa noche no dormí para soñar, soñé para dormir.
Juan
Hugo M.
Inés Rescalvo
Binomio fantástico. A partir de dos palabras creamos un relato.
·
Jardín
·
Ninfa
Érase una vez una niña que descubrió hace
poco que era una ninfa y que tenía toda
su vida planeada. Ella no quería tener un destino planeado, bueno le gustaba
tener poderes y todo eso pero no le gustaba estar todo el rato seguida por un
guardaespaldas y tampoco le gustaba la idea de que había gente que la quería
matar para poder causar una guerra.
Ella ahora vivía en un castillo y la parte
que más le gustaba era un jardín que hizo crecer cuando llegó. Estaba lleno de
rosas de todos los colores pero las que más le gustaban eran las rosas rosas,
aunque soltaban un olor muy fuerte. [Bueno he de confesar que esa niña-ninfa soy yo]. Por
alguna razón, mi lobo Kira me dice que no acerque y no entiendo por qué.
Un día volvía de estar en el jardín y Kira
me echó la bronca porque olía el olor de las rosas. Yo no había caído en esto
al acercarme a ellas. Esa tarde tenía cita con Morgana, el tigre que me ayudaba
de vez en cuando. Todos los animales de aquí son mágicos, saben hablar y son de
colores. Esta tarde voy a visitar al principito al que no he visto desde que llegué.
Mientras iba a su cueva me mataron y ya está.
Candela
Busto
·
Miedo
·
Nana
Era una noche oscura, tan oscura como el
azabache. Yo dormía muy profundamente, pero con miedo de que algún cazador
entrara en mi casa y pudiera herir a mu hija Luz, no me lo perdonaría, sobre
todo si fuera mi culpa.
La luz del Sol cada vez era más fuerte y
la lluvia mucho más frecuente ese invierno. A las brujas como yo nos viene muy
bien la lluvia para poder cultivar los ingredientes de las medicinas para
nuestras hijas, ya que en primavera suelen enfermarse con más frecuencia.
Cuando el Sol decidía esconderse y dejar
paso a la luna, las brujas corríamos peligro. Los cazadores solían salir a
cazarnos, a nosotras las brujas primerizas. Entonces nos quedábamos en casa
cantándoles nanas a nuestras hijas mientras las brujas nocturnas, las viejas
brujas, se ocupaban de ellos.
—Buenas noches mi amor —solía decirle a
Luz antes de que se durmiera.
—Buenas noches Mami —ella respondía.
—Mañana será otro día.
—¿Han vuelto los cazadores Mami?
—Sí, pero no te preocupes, pronto se irán.
—¿Seguro?
—Síii, descansa.
Le di un beso en su pequeña frente y me
levanté a ver si había algo de comer. Cuando llegué me quedé estupefacta al ver
que no había nada en la nevera, excepto un pequeño frasco de color morado con
una calavera pegada, supuse que era de las brujas malas y que, tal vez, las
brujas nocturnas habían puesto ahí por equivocación. Cuando el sol volvió a
salir, pregunté a las brujas nocturnas sobre el frasco, no sabían nada. Cuando
volví a casa vi a mi hija en el suelo y sentí que no podía respirar, al lado
estaba el frasco, pero esta vez vacío.
Disparador creativo "mi gato empezó a hablar"
Criminal
Alberto
De repente mi gato empezó a
hablar. Me quedé flipando. Aunque no debía de extrañarme porque estábamos en el
futuro, así que empecé a dialogar con él. Me dijo que había una persona que
había secuestrado a dos niños y que se la podía capturar.
—Te diré quién los secuestró y
dónde están, pero solo si me das comida de primera calidad —dijo el gato.
—Te la daré, pero primero dime
dónde está el secuestrador y los niños
—¡No!
—¿Por qué no?
—Porque podrías morir y yo
quedarme sin la comida.
—Vaaale. Te la daré.
Le di la comida pero después de
comérsela le pedí que me dijese dónde estaban los niños
—Pues no lo sé —repuso el gato.
—¿Qué? ¡Cómo que no lo sabes! Me
has mentido.
—Pues sí. Te he mentido. Solo
quería la comida.
Llamé a la policía que intentó
arrestarle sin éxito.
—si no te dejas arrestar tendré
que dispararte —dijo el agente
—Pues no te servirá de nada,
porque soy inmortal.
—Entonces te pondré una condena
perpetua en la cárcel —dijo el policía.
—¡Nooo! —dijo el gato.
—¡Síii! —contestó el policía.
Pasaron 1 000 000 000 000 000 000
000 000 000 del arresto del gato y éste aburrido se suicidó.
Hugo
De repente mi gato empezó a hablar. Me dio un infarto, pero
no me morí porque soy inmortal. Luego fui a la comisaría para ver de dónde
venía mi gato. Cuando encontré el archivo de él, me quedé de piedra ¡venía del
futuro!
Cuando llegué a casa empecé a hablar con él, le pregunte que
por qué venía del futuro y me dijo que ¡quería dominar el mundo! Salí de mi
casa corriendo para avisar a los ciudadanos pero se empezaron a reír de mí. De
repente en mi casa salió la cabeza de mi gato pero multiplicada por mil.
Destruyó mi casa entera porque era enorme. De pronto salió una sierra de su
pata gatuna y un casco de su cabeza
—¡Voy a dominar el mundo con mis hijos gatunos!
Lo siguiente que hice fue coger un camión de bomberos para
echarles agua. Pensé en formar un ejército de camiones de bomberos,
rodeamos a los gatos y conseguimos
devolver al futuro al gato con sus gatos bebé.
Sobre el bullying
El cuerpo de Kay
Mi nombre es Kay y soy una niña
deforme. No sientas pena, no me duele solo soy de otra forma, más bien mi
cuerpo es de ora forma.
Nunca he tenido problemas con
relacionarme, a pesar de mi raro aspecto, yo lo intento, digo: lo de tener
amigos. A veces siempre se cuela un «¡qué grima das!» o un «¡aléjate!» pero mi
asombroso cuerpo me enseña a diferenciar a esas personas que valen de las que
no.
Iba a la escuela primaria de Lima
en Perú, en el cole eran dos o tres los que se burlaban de mí, pero al instante
se solían dar cuenta de que hacían el ridículo y se callaban.
Mi verano fue
genial. Pero, como si de dos segundos se tratara, ya estaba de nuevo en clase,
esta vez en 1º de Secundaria. Mi mejor amiga se fue a oro instituto, pero me
quedé con mis otras dos amigas y el resto de la clase.
Me empecé a
dar cuenta de que las burlas eran más de dos o tres y más bien cuatro o cinco
al día. Pero no me molestó, ni siquiera se lo decía a mi madre ¿para qué?
Uno de estos
días, mientras salía, un niño de tercero corrió hacia mí, mis amigas se
apartaron y poco después se marcharon corriendo. Un niño me agarró y sus amigos
me encerraron en un corro. Después de unas cuentas palizas, me quitaron la
mochila y me tiraron al suelo. Intenté no llorar, pero me dolía todo: los
brazos, las piernas… y sentí algo que nunca había sentido: me sentí avergonzada
por mi propio cuerpo.
No quería ir
al cole, me puse tres capas y un abrigo intentando que la montaña de mi espalda
desapareciese, me tapé las piernas que, torcidas, sudaban bajo mi pantalón.
—Hija, estamos
en Septiembre todavía hace calor —dijo mi madre.
—Da igual
—contesté.
Salí del cole
con un moratón y sangre en el labio, así durante tres semanas. Por las noches
lloraba, deseaba que mi cuerpo fuese como el suyo. Me intentaba torcer las
rodillas Hacia el lado correcto y me pegaba puñetazos en la espalda esperando
obtener algún resultado. Pero no era nada que pudiese cambiar. Intentaba evitar
a mi familia y pasaba la mayor parte del día en mi cuarto, así durante dos
meses. No podía más.
Mis
pensamientos me dejaban fría y deseaba deshacerme de mi cuerpo y eso intenté.
Mi madre abrió
la puerta de mi cuarto. Me encontró ahí intentando acabar con todo. Gritó y me
abrazó.
—Nunca, nunca
dudes de que no te necesitamos. Yo te quiero aquí —dijo entre llantos.
Con el tiempo
mejoré, se denunció el acoso de los cuatro niños y ahora me dedico a a yudar a
esos que una vez se sintieron como yo.
Omae
wa mou
Daniela de Toro
· *Anime
· * Sempai
¡Ay, ay, ay! ¡Qué llego tarde al cole! Me
he vuelto a dormir ¡Maldita sea! Todo por quedarme viendo anime hasta las tres
a.m. No es mi culpa que sea tan adictivo… Me quedo con la intención de ver solo
un capítulo pero, luego me engancho y… bueno, que sí, venga.
Voy corriendo y corriendo hasta que llego
al insti. Anda, ¡pero si están todos fuera! Voy corriendo hacia Okudera-sempai
y le pregunto qué ha pasado.
—Sí, es que se ha caído el techo.
— ¡¿Cómo dices?! —¡Ups! Creo que he
gritado muy alto. Todos se han girado mirándome.
—Bu…Bueno ¿qué ha ocurrido?
—Estábamos en clase y de repente, hemos
oído un golpe y ha empezado a caer yeso del techo. Justo donde tú te sentabas,
ha caído un pedazo de ladrillo. ¡Quién lo diría! Llegar tarde te ha salvado la
vida —me dijo Okudera-sempai.
—¿Ha habido algún herido Sempai?
—pregunté.
—Bueno… Taki se ha hecho un esguince en un
dedo y Mitsuha se ha roto el brazo. Se los acaba de llevar una ambulancia.
—¡Oh! Pobrecillos. Espero que se mejoren
—dije yo preocupada.
—bueno no podemos hacer mucho más ahora
—dijo Sempai.
—Ya…—pero no pude terminar de decir nada,
de repente, vimos como el colegio comenzaba a desmoronarse.
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| Flavia Fernandes |
El Principito-Inés Rescalvo
El Principito. Yo creía que solo era un cuento hasta que el Príncipito apareció en mi ventana una noche.
Estaba confinada. Apartada de mis amigos, compañeros y parientes de manera temporal. Pero el libro del principito me ayudó bastante a sobrellevar los momentos difíciles pues Antoine de Saint-Exupéry también estuvo solo en una situación parecida a la mía al estrellarse en medio de ese desierto en el que se le apareció el principito, igual que a mí.
Esperó hasta que me desperté y dijo:
—Tranquila no te haré nada.
—¿Tú eres el príncipito, no?
—Si soy yo
—¿Y qué… haces… aquí? —pregunte con miedo.
—Pues vengo a ayudarte como hice con Antoine de Saint-Exupéry, cuando…
—…Se estrelló en el desierto —dije interrupiéndole
—¿Cóomo sabes eso?
—Pues porque he leído tu libro —le contesté, pero al ver su cara dije:
—¿No sabes que existe un libro sobre ti, verdad?
—¿Y porque iba a saber yo eso?
Saqué el libro de la estantería y le enseñé mis partes favoritas. Después de un rato salió el sol y me puse triste al pensar en invitar al Principito a salir fuera y caer en que estábamos confinados. Él se dio cuenta y tuve que explicarle lo del confinamiento y el Covid.
—Eso de la cuarentena no llega a mi planeta—dijo sonriendo.
—¿Y…?
—¿Que si quieres venir a mi planeta?
—¡Qué pregunta es esa!— dijo. De repente, todo desaparece debajo de mis pies y en vez de estar mi cama, debajo de mí hay un suelo de aspecto rocoso.
—¿Te gusta?
No sé qué decir, después de estar tanto tiempo encerrada en casa, estar en un mundo imaginado en los momentos de soledad me había paralizado.
—Ven — me dijo en ese momento extendiendo su mano.
Empecé a correr, después de tanto tiempo en casa me sentía libre. Un rato más tarde el Principito me pidió que le siguiese y lo hice. Me llevó a un sitio estupendo lleno de colores que no conocía del cuento.
—¿Dónde estamos?
—En un sitio mágico
—Eso ya lo sé— y los dos nos reímos.
Seguimos un rato hasta llegar a una cueva, entramos y de repente salió un tigre supergrande de colores chillé e intenté correr pero el principe me paró.
—¡¿QUÉ HACES?!— le grito — nos comerá enteros.
—No nos va a hacer nada, esta es Morgana— al decir esto el tigre bajó la cabeza de modo elegante y dijo:
—Y tú eres Ainora
—¿Cómo lo sabes?
—Te he estado siguiendo ya varios años y sé que eres más especial de lo que piensas pequeña
—¿Especial, qué tipo de especial?
Un tipo de especial que solo salen en libros.
Se tumbó, me monte en su espalda y empezó acorrer.
—¿Qué haces?— le grite al Principito
—El resto del viaje te acompañará Morgana
—¿Qué viaje? ¿Y por qué no vienes? —no me contestó y me alejé con la tigresa. Llegamos a un árbol.
—Es precioso— dije
—Mejor dicho: mágico—dijo morgana. Rodeamos el árbol y vimos una puerta.
Morgana le dio con la pata y la abrió. Dentro había muchos animales de colores como Morgana.
—Bienvenida Ainora— dijo un lince
—¿Por qué todo el mundo sabe mi nombre?
—Porque eres especial— dijo un águila que aterrizaba al lado del lince
— Yo soy Hela, esa es Odin— señalando a un lémur— ese de allí es Nott— señalando ahora a un jaguar.
—Tienes un rol muy importante en este mundo, Ainora
—Qué rol?
—Tienes que adoptar un animal mágico como nosotros que te pueda contar todo—me explico Nott.
—¿Por qué no me lo podéis contar vosotros?
—Pues porque lo tenemos prohibido, porque no somos los adecuados para contártelo.
Todavía montada en Morgana pasamos a otras habitaciones hasta llegar a unas puertas de plata con muchos cerrojos que brillaban de una panera que no podría explicar.
—Aquí encontraras millones de animales mágicos— dijo Morgana
—¿Cuál de ellos puedo elegir?—
—El que quieras— dijo Odin
Un lobo saltó enfrente de mí y flipo. Era preciosísimo, se empezó a acercar a mi y estiré la mano para tocarlo y al rozar su suave pelaje sentí un tipo de electricidad surgir por mi cuerpo y sabía que este era el que había elegido.
— Hola ¿te tengo que poner un nombre o ya lo tienes?—
— Me lo pones tú ahora— dijo el lobo
— Tienes cara de Kira, ¿te gusta?—
—Me encanta.
—Me han dicho que me tienes que explicar que está pasando y por qué estoy aquí— le dije a Kira
— Si pequeña— me explica Kira— estás aquí para resolver unos conflictos que ha estado habiendo en las montañas de picos.
*En este punto, salí corriendo del árbol gritando el nombre del Principito para que me volviese a llevar a mi habitación, era preferible estar confinada.
Noche tranquila
Candela Busto
Era una noche tranquila. Mi hermano y mis padres estaban durmiendo. Yo obviamente también, como es normal. Oí que la puerta se abría lentamente pero pensé que sería mi perra Zoe. Así que no le di importancia. Unos minutos después oí que algo se caía al suelo. Seguramente algún libro por el movimiento de mi litera. Unos segundos después, alguien me tocó. Pensé que sería mi hermano, pero no, era un chico rubio, más o menos de mi edad, con aspecto cariñoso y curioso, pero ¿Cómo podía haber alguien en mi casa que no fuera de mi familia si ¡ESTÁBAMOS CONFINADOS! Pensé que sería una alucinación, además hacía años que no veía el Principito. En realidad no me acordaba de que existía. Bueno, el caso es que él estaba tan confuso como yo. Estaba muy asustado y al intentar bajar de la litera se cayó de golpe, me asomé a ver si estaba bien: —¿Estás bien? —pregunté al muchacho. Me miró con una mirada temerosa. —No tienes por qué tener miedo. —Qui—qui—quién eres tú? —dijo él tartamudeando. —Soy Candela, y tú eres el Principito ¿verdad? —si... bueno, en realidad ese es mi apodo. Yo me llamo James —¡vaya! —Por qué dices «vaya», ¿es malo?— —Que va, lo que pasa es que eres una leyenda aquí. — ¿Leyenda? —Si… y bueno, ¿qué haces aquí? ¿Cómo has entrado si estamos confinados? — ¿Confinados? ¿Qué significa eso? —Parece que no vas al colegio —No. Me gustaría ir, pero no puedo. —Bueno aún no has respondido a mi pregunta —dije impaciente. —Bueno...tú tampoco has respondido a las mías. —Está bien, primero respondes tú y luego yo ¿ok? —Estaba jugando a correr entre mundos...y creo que hubo un fallo. —Vaya...lo siento ¿cómo podría ayudarte a volver? —No creo que puedas. ¿Qué significa confinados? —Confinados significa encerrados, ahora lo estamos para protegernos de la pandemia— — ¿Pandemia? —sí...el Covid—19 es un virus muy peligroso, por eso no podemos salir de casa, para estar seguros. —lo siento —no te recomiendo quedarte aquí, total estarás encerrado… —No me importa, me has caído bien —y tú a mi «Principito» —he tenido una idea ¿y si vienes conmigo a mi mundo? —no sé yo… aquí está mi familia y… —qué más da, estás encerrada —ya...pero no dejan de ser mi familia —y ¿qué tal si vienes solo esta noche? — ¡ah! deja que me lo piense —tik tak tik tak—repetía James —¡Está bien! iré contigo —¡genial! ¿A qué estamos esperando entonces? En ese mismo instante James me cogió de la mano y echó una especie de polvos de muchísimos colores otoñales hacia el cielo: —Lo podrá ver alguien—dije preocupada —no—solo lo puede ver la gente que cree—me respondió él — ¿creer? ¿A qué te refieres? — ¡a esto! En ese momento James saltó hacia la ventana cogiéndome de la mano: — ¿Qué vas a hacer?—dije aterrorizada —Volar—dijo él tranquilamente. —¡venga ya! eso es imposi…—dije cuando empezamos a volar —y es posible que un niño que no conoces de nada se presente en tu cuarto y que sea idéntico al Principito—dijo James irónicamente Yo le mire desquiciada, ¿cómo era posible que él pudiera estar tan tranquilo? ¡Estábamos sobrevolando Madrid! Unos segundos después habíamos llegado a una zona de muchos planetas pero no eran planetas como Marte o Júpiter...no, ninguno de esos, eran planetas de colores y con setas blancas y rosas, colores fuertes...pero había uno que me llamó mucho la atención, tenía unas letras en un idioma muy raro ponía «Conistall» —¿Qué pone ahí?—pregunté a James —Conistall— —ya lo sé pero me refiero, ¿qué significa?— —ahhh, significa tiempo. Ese planeta está prohibido, es muy peligroso, ya que si vas puedes interferir en el pasado, presente o futuro. —pero...a lo mejor ¡podríamos cambiar lo del Covid!—dije entusiasmada —no creo que sea buena idea...hay que dejar que el mundo siga su curso. —¡Venga ya! millones de personas dejarán de morir y no estaríamos encerrados y…—dije antes de que James me cortara —¡no! he dicho no, no lo entiendes: podría haber consecuencias, consecuencias muy serias. En ese momento aterrizamos en un planeta parecido a la luna pero más colorido: —Bienvenida—dijo James — ¿Aquí es donde vives?—dije mirando una pequeña casa humilde y decorada con flores. — ¡James!—dijo una vocecita dentro de la casa—¡James has vuelto! —¡Zorro!—dijo James El pequeño “Zorro”, que curiosamente hablaba, corrió hacia “el Principito” y él le abrazó. — ¿Quién es ella?—dijo el Zorro desconfiado —Una amiga—le dijo James —No me habías hablado de ella—dijo Zorro —No la acabo de conocer y estaba confinada y la he ayudado—dijo James — ¿confinada? ¿Qué es eso?—preguntó el Zorro James y yo nos miramos con una sonrisa — ¿Qué he dicho tan gracioso?—dijo Zorro mientras James y yo avanzábamos hacia la casita —En serio ¿qué he dicho?—siguió Zorro indignado —Toma—dijo James dándome un trozo de pan. —gracias. —lo siento...es lo único que tengo —Está bien—dije masticando— ¿pero qué es eso?—dije señalando un bote lleno de polvos morados —ohh...eso, nada algo de una amiga —¿Qué amiga? — ¿por qué quieres saberlo? —bueno...como estamos confinados daría lo que fuera para ver a mis amigas y amigos —ahí...lo siento, es que bueno ella no es exactamente una amiga — ¿cómo que no «exactamente»? —Ella...ella no era quien decía ser—dijo James mirando al Zorro — ¿te engañó?— —algo así— —Y porque lo guardas— —¿el que?— —El bote— —¿bueno...quieres algo más?— —lo guardas porque la amabas ¿verdad?— — ¡qué va! tonterías— En ese momento mire a Zorro para ver si el con la mirada me decía la verdad, y en efecto, si, ellos se amaban pero lo que no me dijo con la mirada fue el porqué —James…—dije —dime— —Dime tú— — ¿El que?— —La verdad— —yo...bueno...ella me mintió para protegerme— —¿eso no es bueno?— —ella murió— —lo siento…— —Murió hace un año— — ¿Cómo?—dije cuando Zorro me miro triste —por mi…— Me quedé sin palabras, no quería decir algo y herirle —Ella me dijo que no iría allí...pero mintió—dijo James — ¿a dónde?— —A Conistall— Cuando menciono aquello me quedé de piedra y entendí por qué me dijo que no era buena idea ir y de nuevo me quede sin palabras: —Buenooo, me parece que es tarde porque no os vais a dormir, y James ¿puedo dormir con mi lady?—dijo Zorro —claro...que descanséis—dijo James El Zorro corrió hacia mí, lo agarré y subimos a mi cuarto. Una vez arriba le pregunté a Zorro… —Zorro…— —Si—dijo Zorro —¿Por qué la chica quería ir...a Conistall?— —Kate...si ella era buena chica…— — ¿Y qué paso?— —James quería volver al pasado para poder encontrar a sus padres y evitar que no lo abandonaran— — ¿qué tiene que ver Kate en esto?— —ella y yo le dijimos que no fuera, que era peligroso ir, pero él rehusó a discutir— Me volví a quedar sin palabras: —Kate...pensó que si ella demostrara que no iba a conseguir nada y que podría morir en el intento, él dejaría de querer ir. El caso es que de alguna forma James se enteró…—dijo Zorro —Y le dijo que ella no iría bajo ningún concepto…—complete yo tristemente —si...claro esta ella no lo escuchó y fue hacia allí...nunca regresó— —él está encerrado en su culpa…— —Si como tú en tu casa— —creía que no sabías que era estar confinados— —y no lo sé— —Ven aquí peluchito—dije sonriendo — ¿no te vas a ir verdad?— —tengo una familia y amigos…no puedo dejarlos…— —pero no los puedes ver— —pero sé que pronto si podré— —Bueno...te echaré de menos— —¿espera...tal vez podemos ayudar a James?— — ¿cómo?— —¡buscando a Kate!— —¡¿qué?!— — ¡si! dijiste que ella nunca regresó— —claro porque murió— —no tiene porque, A ver dime ¿encontraron su cuerpo?— —no…— —Tal vez esté atrapada— —¿dónde? Conistall es peligroso pero no encierran a personas porque si— —tal vez no está encerrada ahí si no...En el pasado— —¿en el pasado?— —si...¿Kate no fue para demostrarle a James lo contrario de lo que él pensaba?— —si…— —Entonces fue al pasado— —Puede ser...pero como vamos a ir sin que se dé cuenta— — ¿tú sabes para qué eran esos polvitos?— — ¿los de Kate? si sirven para ir entre mundos— —pues le robamos los polvos y vamos para ya— —Perdonaaa, no lo has oído… Kate se supone que murió en el intento, esos polvos eran de ella— —Si está viva tenemos la oportunidad de salvar a Kate— — ¿y como le robamos a James los polvos? Los tiene en una caja con llave mientras duerme —Tal vez…—me lo pensé—podemos distraerle con algo, ¿no tienes alguna poción como polvos que nublen la vista o algo así?—dije cuando Zorro levantó la vista y sacó de uno de los 50 cajones que había en la habitación un tarro con una criatura dentro parecido a un ajolote: —se llama Lazy, hace que te duermas instantáneamente— —¿habéis llamado Lazy a un ajolote?— —no es un ajolote es un serlino— —vale...bueno no hay tiempo que perder, vamos— Los dos nos acercamos hacia James y nos escondimos detrás de la escalera más cercana a él: —bien Lazy, ya sabes que hacer—dijo Zorro. Al instante Lazy salto hacia el suelo y se acercó rápidamente hacia James y se subió encima de él, James seguía despierto mirando a las estrellas por la ventana cuando Lazy le soplo en la cara y en el momento James se durmió profundamente. Entonces Zorro y yo aprovechamos para coger los polvos, estaban en una caja recubierta de oro puro y una joya de cada color del arcoíris en cada esquina: —Es preciosa—dije —Verdad—dijo Zorro Abrimos la caja y cogimos los polvos salimos por la puerta dejándole una notita que pone: James nos hemos despertado pronto y hem0s decidido salir a dar un paseo, Espero no te importe. Candela y Zorro. Posdata: te hemos preparado un desayuno especial. Nos echamos los polvos por encima agarre a Zorro y volamos hasta el Conistall. —Es increible la verdad—dijo Zorro —si...espero hacer feliz a James Unos segundos después aterrizamos en el Conistall, donde nada más entrar unas haditas muy pequeñitas se acercaron a nosotros y nos preguntaron… —Buenos días—dijo una de las haditas —Buenos días...emmm…—dije —Laila—dijo la hadita —Buenos días Laila, soy Cande y él es Zorro— —Encantadas—dijo otra hadita —¿desde donde nos visitan?—preguntó Laila —Desde asteroide 3251—dijo Zorro —y vienen a pasar las vacaciones aquí a Conistall?—dijo Laila —no...En realidad venimos a buscar información— — ¿Sobre qué querida?—dijo una de las hadas, parecía la más sabia —no querréis viajar en el tiempo verdad—dijo Laila nerviosa —¿Por qué lo dices?—pregunte —po..po..por nada—dijo una hada bastante tartamuda —no sé porque pero me da la impresión de que saben algo—me dijo Zorro al oído —Buscamos información sobre una chica llamada Kate— —¿Quién?—dijo el hada sabia —vino aquí hace un año más o menos—dije —bueno...podéis buscar en los registros de la biblioteca—dijo Laila —Gracias—dijo Zorro — ¿Gracias?—dije—no sabemos dónde está la biblioteca—seguí —Si lo sabemos—dijo Zorro mientras las hadas se alejaban —dirás tú lo sabes—dije cuando empecé a seguir a Zorro. Unos minutos después llegamos a una gran plaza techada blanca y con toques plateados donde volaban libros por doquier. —¿Cómo vamos a encontrar los registros?—pregunte a Zorro —Así, tu solo observa—dijo Zorro acercándose a un slime muy grande de color morado con gafas y poniendo sellos a los libros, obviamente era la bibliotecaria—disculpe señorita— — ¿Si?—dijo el slime levantando la vista —Necesitamos ver los registros—dijo Zorro —Seguidme pues— “la señora” se levantó del asiento bastante molesta y nos guió hacia una sala alejada de aquella plaza—disfrutar—dijo la señora sin ganas. — ¿Cómo pretendes encontrar algo aquí?—dije a Zorro —Pues buscando—dijo Zorro con un tono optimista Yo estaba desconcertada cómo íbamos a encontrar algo en aquel lugar había papeles volando, miles y miles y miles de carpetas, miles de documentos dentro…Tras muchas muchas muchas muchas horas de buscar creímos encontrar algo. Era una especie de documento donde ponía las personas que habían muerto en conquista pero raramente Kate no estaba en ella, lo que significaba que estaba viva! eso no nos servía de mucho simplemente nos servía para asegurar que Kate estaba viva pero nosotros necesitábamos encontrarla seguimos buscando y buscando durante otras 4 horas lo bueno era que en Conistall el día duraba 48 horas, era ya casi la hora de cenar y pensamos en volver cuando encontramos una puerta detrás de los muchos cajones donde se guardaban los registros, decidimos abrirla y encontramos una sala completamente vacía y gris era una sala muy triste pero porque alguien querría esconder aquel lugar. —¿Qué es este sitio?—preguntó Zorro —no lo sé investiguemos—dije estuvimos investigando horas y horas cuando por fin encontré algo, un botón que obviamente pulse y en ese mismo instante del suelo salieron tres pequeños cajones rápidamente Zorro y yo miramos en los cajones pero había algo raro en ello estaban completamente vacíos, estamos ya demasiado cansados para seguir nos tiramos al suelo decepcionados y los respiramos fuerte —Es increíble que después de tantas horas no hayamos encontrado nada—dije —bueno los las muertes pero eso no es mucho—dijo Zorro —No…—me quede pensando y entonces me acordé de un documento que había visto de los miles que había y di con la solución—creo que ya lo tengo— — ¿qué?— — ¡Si! mira vi un documento con un dibujo de este mismo cajón y eran como unos planos había un número pero no le preste atención— —quizá el número vaya ahí—dijo Zorro señalando con la pata una especie de calculadora pero antes de que pudiéramos subir a ver el número un golpe sonó bastante cerca de nosotros, asustados subimos corriendo hacia la puerta y vimos una sombra tratando de robar algo, corrimos hacia ella pero ella sin que pudiéramos verla ni ella a nosotros no empujo para atrás y salió corriendo —mi bolso—dije—me lo deje arriba —Comprueba que tengas todo—dijo Zorro —linterna, mapa, manta, comida, y… ¡la poción!— —Seguro se la ha llevado esa ladrona— —sigámosla— Los dos corrimos hacia ella, corrimos y corrimos hasta llegar a una caseta alejada de todo y entramos con cautela, pero antes de que yo pudiera hacer nada Zorro gritó: —¡Ehhh ladrona! devuélvenos lo que es nuestro—Zorro dijo aquello impulsivamente pero estaba claro que estamos allanando su casa— —por favor devuélvanlo lo necesitamos para salir de aquí—dije —el caso es que yo también lo necesito y no he robado no puedo robar lo que es mío—dijo la ladrona dándose la vuelta era una chica con el pelo negro, los labios pintados de un rojo muy muy fuerte, llevaba una ropa andrajosa pero antes de que pudiera continuar Zorro dijo… —Kate…— —Zorro…—dijo la chica —¡Kate!—dijo Zorro corriendo hacia ella —¿Entonces tu eres Kate?—dije —si...¿y tú eres?—dijo Kate desconfiada —soy Cande— — ¿Y qué haces aquí?—dijo Kate —Soy de la tierra—dije cuando Kate levantó un cuchillo que llevaba encima —Tranquila—dijo Zorro es amiga de James y mía —James…—dijo Kate—¿él está vivo?— —Pues claro—dije — ¿Y sabe que estáis aquí?—dijo Kate —no...No nos dejaría haber venido—dije — ¿Queréis llevarme con él verdad?—dijo Kate apenada —Si...pensábamos que estabas muerta—dijo Zorro —Se me había olvidado—dijo Kate—tomad—dijo dándonos los polvos morados—si queréis volver lo necesitareis— — ¿”necesitareis” tu no vienes?—le pregunté —Yo no voy a volver—dijo feliz Kate— — ¿No?—dijo Zorro confundido —No—dijo tranquilamente Kate —Pero...entonces ¿hemos venido hasta aquí para nada?—dije apenada —no, yo aquí tengo mi vida y volver con James sería muy incómodo— — ¿Incómodo?—dije —Le abandone para salvarle—dijo Kate —Pero debes volver—dijo Zorro —No, no debo, no quiero—dijo Kate —pero…. —dijo Zorro —Pero es su elección y no podemos hacer nada—dije —bueno será la hora de que os vayáis—dijo Kate —Adiós...te echaré de menos—dijo Zorro a punto de estallar a llorar, Kate nos dio los polvos y salimos hasta B612.Una vez allí entramos a la caseta, pero...raramente no había nadie estaba todo destruido y James no estaba —¡James!—grito Zorro mientras yo miraba la casa e intentaba buscar pruebas subimos arriba tampoco había nada pero vimos algo, James solía pintar ,no vimos ninguno de sus pinceles ni cuadros los caballetes estaban vacíos y tirados en el suelo y la ventana estaba rota había cristales por toda la habitación y un collar tirado en el suelo, lo cogí era verde y brillaba con fuerza, pero cuando lo cogí me empezó a quemar la mano y lo solté mire por la ventana y ahí estaba James tirado en el suelo y Kate al lado, Zorro y yo bajamos rápidamente pero ya no estaban, habían desaparecido cuando miramos atrás se oyó una voz que gritaba—¡ayuda!—era una voz parecida a la de Kate corrimos hacia allí donde efectivamente estaba Kate y James tirado en sus brazos — ¡Kate!—dije— ¡qué ocurre! ¡Qué haces aquí! —no lo sé mi collar empezó a brillar y aparecí aquí—dijo Kate señalando un collar que colgaba de su cuello pero no era verde sino morado —Yo he tocado este collar cuando has aparecido—dije sacando el collar verde — ¿Y el?—dijo Kate levantando un poco a James —el está bien simplemente le dimos un...un… ¿cómo se llamaba?—pregunte a Zorro —A Lazy—dijo Zorro orgulloso Una vez en la caseta James despertó así como lo hizo el sol era la hora de volver a casa —adiós…—dijo James—gracias — ¿Por qué?—dije —por traer de vuelta a Kate—dijo —Si...yo también te echare de menos—dijo Zorro abrazándome —adiós…—dije —adiós…—dijo Kate—y gracias dijo cuándo le hice un movimiento con la cabeza como diciéndole de nada, Kate me dio unos polvos azules me los echó por encima y aparecí de nuevo en mi habitación corrí a despertar a mi hermano y a mis padres para contarles la increíble aventura que había vivido con el famoso Principito. FIN
~EL PRINCIPITO Y LA CUARENTENA~ Daniela de Toro Érase una vez una niña de 12 años llamada Alicia que estaba confinada en su casa por un virus que estaba afectando a mucha gente. Estaba sola con su hermana de 20 años. Un día, al terminar sus clases virtuales llegó volando un avión de papel por su ventana. Alicia recogió el papel y vio que en él, había escrita una extraña historia con unos peculiares dibujos en él. Miró a través de su ventana y vio una bandada de pájaros a la cual perseguía un pequeño niño de unos 10 años más o menos. Llevaba un sweater verde botella, unos pantalones verde esmeralda y una bufanda amarilla. La niña no hizo caso. Le lanzó de vuelta el avión, cerró la persiana, y continuó estudiando. Pasaron unos minutos y empezó a oír la risa del niño. La risa la incordiaba y a la vez le daba placer. Decidió ponerse su mascarilla y su abrigo y bajar a ver qué ocurría. Aparentemente, estaba jugando con un pequeño perro abandonado de pelo rojizo que rondaba siempre por las calles. Alicia le dijo: —Disculpa, estoy estudiando y agradecería que permanecieras en silencio, y que te pusieras una mascarilla. ¡Suelta a ese perro, que te va a morder y aparte de corona te va a dar la rabia! El niño se sorprendió y en su cara apareció una linda sonrisa. —De qué… ¿de qué te ríes?— dijo Alicia, bastante sorprendida. —Es que verás… ¡Este perro es mío! Además, no es un perro, sino un zorro — Dijo el extraño niño. —GRACIAS POR presentarme CORRECTAMENTE ya decía yo que de tanto que nos conocemos, de repente me llamas de PERRO— dijo el zorro. — ¿Q—que…?—Dijo Alicia, bastante desconcertada. —Nada, nada, tú déjale que hoy se ha levantado con el pie izquierdo y está un pelín cascarrabias. Por cierto, me llamo Víctor, pero para los amigos, soy ¡El Principito!— Alicia estaba muy sorprendida y se decía a sí misma «Tranquila, esto es todo un sueño, no es real, si te pellizcas dejarás de soñar y esta locura se acabará…» —Disculpa, ¿podrías pellizcarme? —Vaya… otra que cree que está soñando… Voy a tener que trabajar muy duro si quiero hacer que crea… Pensó el Principito. — ¡Claro!— La pellizcó y… nada. Nada pasó. Bueno… excepto el pequeño gritito que soltó Alicia. —Ay ay ay ay, ¿te he hecho daño?— Dijo él. —No, que va… solo ha sido la impresión, pero nada más. De repente, la bandada de pájaros que antes perseguía el Principito bajó al suelo. Alicia se fijó en que, justo en el cuello, tenían unos collares de plata, como los que se usan para los perros. El Principito les puso unos hilos alrededor del cuello, donde los collares, que no parecían muy resistentes. —Venga, dame la mano— Dijo el Principito —¡¿Q—QUE?!— Gritó Alicia —Sip, nos vamos— —N—nos..?— Alicia estaba muy desconcertada —QUE SIIII, QUE TE VIENES CONMIGO— —P—pero…— —NI PERO NI PERA NI TRES CHINGOS, TE VIENES O TE VIENES, PUNTO— El Principito la agarró de la mano y la bandada alzó el vuelo. —¡ESTÁS LOCO!— Gritó Alicia. —Si. ¿Pero sabes qué? Las mejores personas lo están.— Dijo él. Esto dejó a Alicia pensando un buen rato. A decir verdad, ese niño era muy sabio. Pronto, atravesaron la atmósfera. —¡¡¡¡VAMOS A MORIR!!!!— Gritó ella —Tranquila, tranquila, no va a pasar nada…— —B—bueno…— Y de ahí comenzaron a viajar por el espacio. Alicia vio muchas cosas que no conocía. El asteroide B—325, 326, 327, 328… y el B—612. Ese era el planeta en el que vivía el Principito, estaba infestado de baobabs. —Te he traído aquí para que me ayudes— Dijo él. —Ammm… ¿En que se supone que debería de ayudarte?— preguntó Alicia. —En arrancar los baobabs. Vamos, coge una pala. — Dijo el Principito, como si lo que hubiera dicho fuera obvio. Alicia decidió no quejarse. Cogió una pala y decidió no quejarse. Ella, él y el zorro, acabaron al atardecer. —Vaya… Menudo trabajo que hemos hecho… — Suspiró Alicia, que no podía no con su alma. —Si… Nos hemos esforzado mucho…Me lo he pasado muy bien contigo… Pero creo que tienes que irte ya…— Dijo el Principito, algo triste. — ¡¿Q—QUE?! ¡¡YO NO QUIERO IRME!!— Alicia estalló en llanto. —P—por favor… no quiero…— A Alicia se le rompió el corazón.
Recuerdo...
-Noa Egido
Cuanto más se acercaba, más recuerdos volaban por su cabeza.
Recuerdo..., recuerdo..., recuerdo al señor que cayó del cielo y cómo cada vez que yo
hablaba sus ojos se llenaban de estrellas y chispas, recuerdo la sensación de no estar
solo completamente, recuerdo la arena, el Zorro, el agua y el viento.
Le llamaba la atención que, desde las estrellas, se oía una voz muy peculiar que,
según sus pequeñas y frías orejas, provenía del tejado naranja. Solo pensaba en esa
penetrante voz que cada vez se mezclaba más y más con su sentir y su pensar.
Entró por la ventana y levitando cruzó las escaleras. Un vapor de lavanda salió de una
de las puertas de aquel pasillo. Miró dentro y vio a una niña peinando su pelo con los
dedos y adornándolo con flores color naranja mientras canturreaba. El Principito la
observaba totalmente encantado, sin desearlo una sonrisa apareció en su boca.
—Hola —dijo el Principito. La niña saltó de un susto, miró de arriba abajo y por un
momento se alegró de verle al hablarle las palabras bailaron en su boca:
—¡No debes estar aquí! —El Principito sorprendido ladeó la cabeza,
—Lo siento, debí haberme presentado, soy el Principito. Debo admitir que viajé
enamorado de tu canto, esa es la razón por la que estoy aquí.
—Ya sé quién eres, pero no puedes estar en este planeta, debes marcharte...
—No entiendo… vengo a por tu voz, se la regalaré a mi rosa. Ven conmigo a mi
planeta y canta para ella.
—¿Tu rosa? ¿Quién es ella? No iré contigo, tú te marcharas —exigió la muchacha.
—No pienso marcharme hasta que accedas a viajar a mi lado, así que contéstame,
¿por qué no debo quedarme?
—No es seguro para ti, ¡la Tierra sufre una catástrofe Principito! La Covid—19 —dijo
ella poniendo una voz tan dramática, que el chico casi se ríe.
—Es una enfermedad grave príncipe, más bien un virus, que se llevó a mi abuelito.
¿Le recuerdas?
La niña tiró de una cuerdita que colgaba del techo a la que casi no llegaba.
Entonces una puertecilla se abrió dejando caer una escalerita, la niña subió y el
príncipe detrás de ella. Encendió una lucecita que iluminó un cuarto olor madera
mojada que, además de cajas, tenía una gran cantidad de cuadros y fotos.
—Este era su estudio, aquí se preparaba para ser piloto. Le encantaba dibujar, sobre
todo desde que te encontró. Hace 3 meses murió. Ya era muy mayor… Pero por esa
razón no debes quedarte. Tú eres lo único que me queda de él.
—Por el camino encontraré la cura —volvió a insistir y esta vez la agarró de la
muñeca, parecía tener prisa.
—Iré contigo si me prometes una cosa: quiero un palo rojo y plano.
—De acuerdo.
Mientras le agarraba fuerte de la mano, el Principito y ella empezaron a volar y
volar. Cada vez la Tierra era más pequeña y el entorno más frío y solitario.
Entonces, en la oscuridad, se encendió una pequeña luz.
—Esa es nuestra parada. Ahí está la cura. Dormiremos ahí y a la mañana siguiente
marcharemos con mi rosa, estarás en tu casa por la tarde.
Llegaron al pequeño planeta de líneas doradas: En verdad, la niña se imaginaba una
especie de aguja gigante o algo así, pero solo había un vaso encima de una mesa
ocre lo demás era tan solo parte del planeta.
—Este vaso es muy pequeño para curar a todo el planeta —dijo ella mirando el vaso
con desprecio.
—Bébetelo
La niña se bebió el vaso y se durmió. A la mañana marcharon, parecía como si solo
hubiesen dormido dos horas.
Fue un viaje corto. Nada más volar unos cuantos minutos, pasó otra vez: una luz se
encendió. Para la niña era una luz, como cualquier otra luz, pero para el Principito era
su luz, como ninguna otra luz.
El Principito, velozmente, flotó rápidamente hasta que el punto de luz se volvió un
precioso planeta en el que habitaba una rosa, color rojo, y muy vivo, con un tallo alto, y
muy verde y con un bello rostro, el más bello. El Principito se sentó y olió su rosa.
—Ahora canta, por favor.
La niña, casi sin pensarlo, abrió su pequeña boca y comenzó a cantar. Su voz era
igual a ver caer un pétalo blanco en el agua. No hacía falta música. Sus se palabras
daban la mano y cada una bailaba con el silencio de aquel lugar. Mientras cantaba,
miles de hilos de luz salieron de su voz y se esparcieron hasta llegar a la Tierra.
Y de los rojos pétalos de la bella rosa creció un palo rojo y plano.
— ¿Qué es lo que me he bebido príncipe? ¿Qué ha regalado mi voz a la Tierra?
¿Es la medicina lo que he desprendido?
—No, no has cantado medicina, has cantado conciencia, no hay mejor cura. Y ahora
toma el palo.
La niña agarró el palo y antes de que pudiera decir gracias, abrió los ojos. Tenía el
pelo mojado y un cepillo en la mano, estaba en el suelo del baño. Quizá se había
desmayado por el calor del vapor. No, no era un sueño, era verdad. Se levantó y
encima del Bidé se encontraba el palo, el palo rojo y plano. Subió las escaleras al
desván y colocó el palo rojo y plano en un agujerito de una maqueta de un avión rojo.
Tenía un piloto en miniatura y una chapita dorada con el dibujo de una caja con un
cordero.
Noa Egido
Cuanto más se acercaba, más recuerdos volaban por su cabeza.
Recuerdo..., recuerdo..., recuerdo al señor que cayó del cielo y cómo cada
vez que yo hablaba sus ojos se llenaban de estrellas y chispas, recuerdo la
sensación de no estar solo completamente, recuerdo la arena, el Zorro, el agua
y el viento.
Le llamaba la atención que, desde las estrellas, se oía una voz muy
peculiar que, según sus pequeñas y frías orejas, provenía del tejado
naranja. Solo pensaba en esa penetrante voz que cada vez se mezclaba más y
más con su sentir y su pensar.
Entró por la ventana y levitando cruzó las escaleras. Un vapor de lavanda
salió de una de las puertas de aquel pasillo. Miró dentro y vio a una niña
peinando su pelo con los dedos y adornándolo con flores color naranja
mientras canturreaba. El Principito la observaba totalmente encantado, sin
desearlo una sonrisa apareció en su boca.
—Hola —dijo el Principito. La niña saltó de un susto, miró de arriba abajo y por un momento se alegró
de verle al hablarle las palabras bailaron en su boca:
—¡No debes estar aquí! —El Principito sorprendido ladeó la cabeza,
—Lo siento, debí haberme presentado, soy el Principito. Debo admitir que
viajé enamorado de tu canto, esa es la razón por la que estoy aquí.
—Ya sé quién eres, pero no puedes estar en este planeta, debes
marcharte...
—No entiendo… vengo a por tu voz, se la regalaré a mi rosa. Ven conmigo a
mi planeta y canta para ella.
—¿Tu rosa? ¿Quién es ella? No iré contigo, tú te marcharas —exigió la
muchacha.
—No pienso marcharme hasta que accedas a viajar a mi lado, así que
contéstame, ¿por qué no debo quedarme?
—No es seguro para ti, ¡la Tierra sufre una catástrofe Principito! La Covid—19 —dijo ella poniendo una
voz tan dramática, que el chico casi se ríe.
—Es una enfermedad grave príncipe, más bien un virus, que se llevó a mi
abuelito. ¿Le recuerdas?
La niña tiró de una cuerdita que colgaba del techo a la que casi no
llegaba.
Entonces una puertecilla se abrió dejando caer una escalerita, la niña
subió y el príncipe detrás de ella. Encendió una lucecita que iluminó un cuarto
olor madera mojada que, además de cajas, tenía una gran cantidad de cuadros y
fotos.
—Este era su estudio, aquí se preparaba para ser piloto. Le encantaba
dibujar, sobre todo desde que te encontró. Hace 3 meses murió. Ya era muy
mayor… Pero por esa razón no debes quedarte. Tú eres lo único que me queda
de él.
—Por el camino encontraré la cura —volvió a insistir y esta vez la agarró
de la muñeca, parecía tener prisa.
—Iré contigo si me prometes una cosa: quiero un palo rojo y plano.
—De acuerdo.
Mientras le agarraba fuerte de la mano, el Principito y ella empezaron a
volar y volar. Cada vez la Tierra era más pequeña y el entorno más frío y solitario.
Entonces, en la oscuridad, se encendió una pequeña luz.
—Esa es nuestra parada. Ahí está la cura. Dormiremos ahí y a la
mañana siguiente marcharemos con mi rosa, estarás en tu casa por la
tarde.
Llegaron al pequeño planeta de líneas doradas: En verdad, la niña se
imaginaba una especie de aguja gigante o algo así, pero solo había un vaso
encima de una mesa ocre lo demás era tan
solo parte del planeta.
—Este vaso es muy pequeño para curar a todo el planeta —dijo ella
mirando el vaso con desprecio.
—Bébetelo
La niña se bebió el vaso y se durmió. A la mañana marcharon, parecía
como si solo hubiesen dormido dos horas.
Fue un viaje corto. Nada más volar unos cuantos minutos, pasó otra vez: una
luz se encendió. Para la niña era una luz, como cualquier otra luz, pero para
el Principito era su luz, como ninguna otra luz.
El Principito, velozmente, flotó rápidamente hasta que el punto de luz se
volvió un precioso planeta en el que habitaba una rosa, color rojo, y muy vivo,
con un tallo alto, y muy verde y con un bello rostro, el más bello. El Principito
se sentó y olió su rosa.
—Ahora canta, por favor.
La niña, casi sin pensarlo, abrió su pequeña boca y comenzó a cantar. Su
voz era igual a ver caer un pétalo blanco en el agua. No hacía falta música. Sus
se palabras daban la mano y cada una bailaba con el silencio de aquel lugar. Mientras
cantaba, miles de hilos de luz salieron de su voz y se esparcieron hasta llegar
a la Tierra.
Y de los rojos pétalos de la bella rosa creció un palo rojo y plano.
— ¿Qué es lo que me he bebido príncipe? ¿Qué ha regalado mi voz a la Tierra?
¿Es la medicina lo que he desprendido?
—No, no has cantado medicina, has cantado conciencia, no hay mejor cura. Y ahora
toma el palo.
La niña agarró el palo y antes de que pudiera decir gracias, abrió los ojos.
Tenía el pelo mojado y un cepillo en la mano, estaba en el suelo del baño.
Quizá se había desmayado por el calor del vapor. No, no era un sueño, era
verdad. Se levantó y encima del Bidé se encontraba el palo, el palo rojo
y plano. Subió las escaleras
al desván y colocó el palo rojo y plano en un agujerito de una maqueta de
un avión rojo. Tenía un piloto en miniatura y una chapita dorada con el dibujo
de una caja con un cordero.
El Principito en la Tierra
Candela Rubinos
Aquel día, como todos los anteriores, el Principito
estaba mirando las estrellas y como siempre se acordó de su querido piloto,
aquel viejo amigo al que tanto quería. Entre la nostalgia se le ocurrió una
idea, viajar a la Tierra para encontrar personas como aquel bondadoso piloto.
Pero el Principito no llegó en un buen momento… ¡En la Tierra había una
pandemia mundial!
Al aterrizar, con ayuda de sus amigables
pájaros, no vio a nadie. Todas las calles, los restaurantes, los parques,
estaban vacíos. El Principito no entendía dónde estaban las personas. Él recordaba
las ciudades con gente, ajetreada, con mucho bullicio, claro que no sabía nada
del confinamiento ni del Covid 19. Extrañado, se dirigió a una casa cualquiera,
la puerta estaba abierta, tenía suerte, entró sin saber qué se encontraría.
—¡¡¡Ahhh!!! —gritó una niña. El Principito
se asustó, pero en vez de gritar la miró con curiosidad. Ella tenía el pelo
liso y marrón como la corteza de un árbol, recogido en una alta coleta, en
cambio, sus ojos eran dorados como el Sol. Era muy delgada pero bajita, su piel
era muy clara, como la nieve.
La niña atemorizada balbuceó:
—¿Quién eres ?
El Principito respondió:
—Soy el Principito ¿y Tú?
—Lo siento —dijo la niña— pero no puedo
hablar con desconocidos y menos con alguien que ha entrado en mi casa sin permiso
y en época de Covid.
El Principito extrañado dijo:
—Pero no soy un extraño, soy el Principito,
además ¿qué es el Covid?
—¡Pero tú en qué mundo vives! —exclamó la
niña—. ¿Coronavirus, pandemia mundial, confinamiento, no te suena ?
El Principito contestó:
—No. Por cierto, soy del asteroide 3251,
de todas formas ¿cómo te llamas?
La niña no muy convencida de la certeza de
sus palabras dijo:
—Soy Ada pero sin hache, ni...
—¡¡¡Ada... a comer!!! —exclamó una voz
desconocida para el Principito. Ada se asustó, era su madre, y si veía al Principito
se enfadaría, así que empujó al Principito hacia el garaje y rápidamente fue a
la cocina para que sus padres no sospecharan nada.
Qué persona tan extraña pensó ella, pero
le había caído bien, esperaba que sus padres no le encontraran…
Al acabar de comer Ada fue al garaje y
encontró al Principito jugando con un antiguo peluche suyo.
—Hola, te he traído un bocadillo de jamón
y queso ¿Te gusta? —preguntó Ada.
—Sí, muchas gracias. Por cierto ¿Cómo se
llama este peluche? Me recuerda a mi querido Zorro, los mismos ojos negros y el
mismo pelaje rojizo.
—Se llama Iris, me lo regalaron al nacer,
me lleva acompañando 12 años, pero lo había perdido, ¿Dónde estaba?
—Metido en una caja con otros juguetes,
pero Iris me llamó la atención y lo cogí —respondió el Principito orgulloso de
haber encontrado una reliquia para su nueva amiga.
—Muchas gracias, llevaba tiempo buscándolo
pero no se me había ocurrido mirar aquí,contestó Ada.
—Aún tengo muchas preguntas,¿podrías
responderme? preguntó él
—Claro, ¿sobre qué? respondió ella
—Pues…¿Porque estáis encerrados en casa?
consultó el Principito
—Ahora mismo hay un virus que no sabemos
muy bien cómo funciona y está matando a miles de personas en todo el mundo y
para evitar contagiarnos nos tenemos que quedar en nuestras casas, afirmó su
amiga.
—Es muy aburrido pero estoy aprendiendo a
cocinar y a tocar el violín, es muy difícil pero en Internet hay muchos
tutoriales, declaró Ada.
—Ahhh y ¿tu familia está bien?consultó el Principito
con precaución.
—Bueno, mi abuela está en el hospital
—tartamudeó Ada a punto de echarse a llorar.
—Lo siento mucho, seguro que se va a poner
bien aseguró el Principito sin saber muy bien qué decir
Al final no pudo aguantarse las lágrimas y
empezó a llorar desconsoladamente.
—No te preocupes dijo él
Poco a poco Ada se fue calmando e indicó:
bueno sigue preguntando que me he puesto a llorar y no he contestado a tus
preguntas.
—No no no hace falta tranquila respondió
él
—No importa, además eso me entretendrá
aseguró ella
—Vale,¿tú tienes el covid? indagó su amigo
—No, no te preocupes si no, tendría
síntomas, bueno mis padres
—¿Los niños no tienen síntomas? preguntó
el Principito
—La mayoría no, pero no se sabe por qué
contestó Ada
—Ah vale no tengo más preguntas afirmó él
—Yo sí para ti, ¿vives solo? indagó ella
—No vivo con mi rosa dijo el Principito
—¿Tú rosa?
—Sí,
¿Ada estás aquí? ¿Con quién hablas?¿Quién
es ese? preguntó su padre
—Con el principito —contestó Ada con
precaución.
--¿El principito? ¿¡Está aquí!? — exclamó
su padre.
¡¿Lo conoces?!
—Sí, me conoce, fuimos amigos hace mucho
tiempo. Es mi amigo el piloto ¿No lo sabías? —se extrañó el Principito.
—¿Papá, es verdad?— preguntó Ada.
—Sí, nos conocimos en un desierto y nos
hicimos amigos. De todas formas ¿Cómo has llegado hasta aquí Principito?
—Te echaba de menos, entonces con mis
pájaros vine hasta aquí, entré de casualidad a tu casa y conocí a Ada. Se
parece mucho a ti, no sabía a quién me recordaba pero ahora que te veo sois
iguales.
La cuarentena
Alberto Cortés
Era el año 2000,
a Raquel le encantaba mirar las estrellas por las noches y pensar que ella,
algún día, podría viajar a todas ellas como en los cuentos que le contaba su
madre y explorar todo el espacio. Ella se imaginaba que vería extraterrestres.
El planeta al que más deseaba ir era marte. Se preguntaba todos los días, año
tras año, todas las noches ¿Estaremos solos o habrá alguien que sea como nosotros?
Raquel no sabía
lo que le esperaba esa misma noche. Mientras miraba a la Vía Láctea, de
repente, vio a un niño caer del cielo y lo que parecía ser un Zorro junto a él.
Cuando terminó de caer sonó como si se hubiera caído la luna a la Tierra. La
niña no dudó en ir a ver lo que había pasado, bajó las escaleras, abrió la puerta
y pegó un portazo de la emoción. Fue a donde había caído esa cosa tan rara con
forma de niño. Cuando llegó vio humo y solo humo. A los pocos pasos había un
cráter gigante. Miró con intriga y a la vez, muchísimo miedo. Dentro había un
niño.
En la escuela
habían leído el Principito y ese niño se parecía a él. Ella estaba ansiosa por
contarle a todo el mundo su historia pero pensó que a ese niño quizá no le gustaría
que lo hiciese. Pero le dio igual y se fue a su casa otra vez para coger una cámara
de fotos pero, entonces en cuanto abrió la puerta, su madre y su padre estaban
que echaban humo de la ira y de la preocupación. Sus padres la regañaron. Pero
ella no les prestaba atención y pensaba en aquél niño que se podría haber ido.
Raquel esperó y esperó pero el tiempo se le hacía eterno hasta que al fin
terminaron. Cogió la cámara de fotos pero cuando llegó, el niño estaba
despierto. Entonces le preguntó si le podía hacer una foto y el niño le
contestó «no por favor no me gustan las fotos». Pero la niña, a pesar de esa
frustración que sentía por dentro de no haberle podido hacer la foto, no dudó
en ayudarle y lo escondió en su casa sin que sus padres se dieran cuenta.
El Principito observó
que su Zorro no estaba con él. Entonces le preguntó a la niña:
—¿Has visto a mi
Zorro? —Raquel dijo que no. Buscaron en el cráter y ahí estaba durmiendo. Lo
cogieron y se fueron a su casa.
20 años después
—Hola Principito,
cuanto tiempo sin verte ¿Qué tal estás?
—Bien ¿y tú
Raquel?
—Muy bien. La
verdad, me resulta muy raro que ahora seas más alto que yo, Principito.
—Jajajajajaja,
¿qué te puedo decir? he crecido más.
—¿Bueno y qué
tal por tu país? bueno tu planeta ¿te sigue gustando mirar el amanecer?
—Sí. La verdad
es que me sigue gustando mucho, bastante no demasiado.
—Ahora me toca
preguntarte a tí, ¿te parece bien?
—Pues claro.
Venga, pregunta.
—¿Qué tal vas en
tu casa?
—Muy bien, pero…
pero…
—Pero que no me
dejes con tanta intriga mujer.¿Pero qué?
—El coronavirus
me está fastidiando muchas cosas y tengo miedo de que algún familiar mío muera.
—¿El qué...?
—El coronavirus
es un virus nuevo que está matando a un montón de gente.
—¿Y se ha muerto
alguien de tu familia? Si no quieres no hace falta que me lo digas.
—No. Por ahora
no.
—¿Y qué tal te
va?
—Bien por ahora,
creo que al final mi cumple se va a poder celebrar, pero aún no lo sé.
—¿Pues qué pena
no?
—Si. Es muy
triste, pero en las noticias dicen que dentro de muy poco saldrá la vacuna,
bueno en unos cuantos meses.
—¡Qué rollo!
Pero bueno tengo que irme, ya nos veremos el año que viene.
¡ADIOOOS!
Bruno
El Principito 2
Capítulo 1: Introducción
Érase una vez una niña llamada Carla que le
encantaba montar en bicicleta y jugar al baloncesto con su familia y sus
amigos. Carla tenía veintiséis años. Hace veinte años estuvo en el asteroide B—612
con el Principito y le había salvado del olvido. La pandemia de China había
llegado ahí, a España, donde les tuvieron que confinar por la seguridad de
todos. Un día, mientras teletrabajaba, vio una bandada de pájaros muy extraña
sobrevolar su casa y de repente algo entró en su cuarto por la ventana y cayó
encima de ella. La lámpara se había caído y roto, entonces no podía ver lo que
había entrado. Se levantó desesperadamente a buscar el interruptor de la luz.
Al fin, la encendió y se encontró con algo inesperado.
Carla, impresionada de cómo había crecido su viejo
amigo, se quedó quieta durante un rato observándole estupefacta. Cuando se le
pasó la sorpresa preguntó:
— ¿Qué haces aquí? ¿No deberías estar en el
asteroide ese..?
—¿El B—612? sí, a ver… Cuando tú te fuiste estuve 10
años en el asteroide, pero algo, no sé qué, invadió la isla y pudrió todo lo
que había en ella, entonces me empecé a quedar sin comida y tuve que abandonar
el asteroide en busca de comida. Fui al asteroide del Rey y me dio una coliflor
por un día de trabajo en su huerta. Y eso hice. Con lo que me dio tuve
suficiente para venir y aquí estoy. Oye, ya de paso, ¿Tienes algo de comer?
—Ah, sí, aquí tienes unos pistachos
—Gracias
—¿Podrías hacerte una idea de lo que invadió el
asteroide?
—Una fuerza oscura, diría yo. Pero ya no puedo
volver ahí, tendré que irme a vivir a otro sitio…—
—¡Oye, podrías venirte a vivir conmigo!—
—¡Estupenda idea!—
Carla se llevó a el Principito a un restaurante
cerca de su barrio donde vivía y pasaron toda la tarde hablando. Carla se ponía
unas horas a teletrabajar (si no ¿cómo sacar dinero para la casa y la comida?)
y por la tarde jugaban el Principito y ella a juegos de mesa, videojuegos… Se
lo pasaban muy bien. Un día descubrieron la vacuna para ese virus y todo
acabó.
FIN

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