Una vida de perros
¡¡¡Por fin había llegado!!! Estaba más feliz que nunca, ¡llevaba esperando una semana! Corrí hacia él y me tiré encima, le di dos besos pero me apartó riendo, Lo vi dirigirse a la cocina, tal vez tenía algo para mí. Pero no. Abrió la nevera y sacó un tuper con sopa. Después de comérsela se levantó y corrí hacia él, me dirigió una mirada de cansancio pero me sonrió. Entonces sentí que alguien entraba, ¡UN INTRUSO! Vi una sombra y me prepare para atacar. La sombra me acarició y se dirigió a mi amigo enganchando su cuerpo al de él de una manera muy extraña. Se sentó junto a él en lo que había sido mi cama durante esa semana. Estuvieron ahí el resto del día, me quede sentado a su lado esperando a que hiciéramos algo y me dormí.
¡Por fin era por la mañana! Corrí y salté alrededor de él, pero solo me tocó la cabeza, le perseguí a todas partes y entonces llegó el MOMENTO ¡íbamos a salir!
Salté y corrí de nuevo con él pero no me hizo ninguna muestra de afecto. Me cogió en brazos, me llevó al coche y condujo hasta un lugar muy extraño, no era el lugar donde íbamos normalmente, no entendía nada, ¿Qué era ese lugar?, tenía miedo…
Bajé del coche y sacó del bolsillo una pelota, ¡ÍBAMOS A JUGAR! empecé a saltar y a saltar, tiró la pelota y yo fui detrás, pero cuando volví para dársela él ya no estaba. Me quedé esperando pero nunca volvió. Busqué el camino a casa, pero no lo encontré, nadie me hacía caso a pesar de que les preguntaba…Desde entonces, con la pelota en la boca, sigo buscando al amigo que una vez me dio un hogar.
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