El Principito en la Tierra
El Principito en la Tierra
Aquel día, como todos los anteriores, el Principito estaba mirando las estrellas y como siempre se acordó de su querido piloto, aquel viejo amigo al que tanto quería. Entre la nostalgia se le ocurrió una idea, viajar a la Tierra para encontrar personas como aquel bondadoso piloto. Pero el Principito no llegó en un buen momento… ¡En la Tierra había una pandemia mundial!
Al aterrizar, con ayuda de sus amigables pájaros, no vio a nadie. Todas las calles, los restaurantes, los parques, estaban vacíos. El Principito no entendía dónde estaban las personas. Él recordaba las ciudades con gente, ajetreada, con mucho bullicio, claro que no sabía nada del confinamiento ni del Covid 19. Extrañado, se dirigió a una casa cualquiera, la puerta estaba abierta, tenía suerte, entró sin saber qué se encontraría.
—¡¡¡Ahhh!!! —gritó una niña. El Principito se asustó, pero en vez de gritar la miró con curiosidad. Ella tenía el pelo liso y marrón como la corteza de un árbol, recogido en una alta coleta, en cambio, sus ojos eran dorados como el Sol. Era muy delgada pero bajita, su piel era muy clara, como la nieve.
La niña atemorizada balbuceó:
—¿Quién eres ?
El Principito respondió:
—Soy el Principito ¿y Tú?
—Lo siento —dijo la niña— pero no puedo hablar con desconocidos y menos con alguien que ha entrado en mi casa sin permiso y en época de Covid.
El Principito extrañado dijo:
—Pero no soy un extraño, soy el Principito, además ¿qué es el Covid?
—¡Pero tú en qué mundo vives! —exclamó la niña—. ¿Coronavirus, pandemia mundial, confinamiento, no te suena ?
El Principito contestó:
—No. Por cierto, soy del asteroide 3251, de todas formas ¿cómo te llamas?
La niña no muy convencida de la certeza de sus palabras dijo:
—Soy Ada pero sin hache, ni...
—¡¡¡Ada... a comer!!! —exclamó una voz desconocida para el Principito. Ada se asustó, era su madre, y si veía al Principito se enfadaría, así que empujó al Principito hacia el garaje y rápidamente fue a la cocina para que sus padres no sospecharan nada.
Qué persona tan extraña pensó ella, pero le había caído bien, esperaba que sus padres no le encontraran…
Al acabar de comer Ada fue al garaje y encontró al Principito jugando con un antiguo peluche suyo.
—Hola, te he traído un bocadillo de jamón y queso ¿Te gusta? —preguntó Ada.
—Sí, muchas gracias. Por cierto ¿Cómo se llama este peluche? Me recuerda a mi querido Zorro, los mismos ojos negros y el mismo pelaje rojizo.
—Se llama Iris, me lo regalaron al nacer, me lleva acompañando 12 años, pero lo había perdido, ¿Dónde estaba?
—Metido en una caja con otros juguetes, pero Iris me llamó la atención y lo cogí —respondió el Principito orgulloso de haber encontrado una reliquia para su nueva amiga.
—Muchas gracias, llevaba tiempo buscándolo pero no se me había ocurrido mirar aquí,contestó Ada.
—Aún tengo muchas preguntas,¿podrías responderme? preguntó él
—Claro, ¿sobre qué? respondió ella
—Pues…¿Porque estáis encerrados en casa? consultó el Principito
—Ahora mismo hay un virus que no sabemos muy bien cómo funciona y está matando a miles de personas en todo el mundo y para evitar contagiarnos nos tenemos que quedar en nuestras casas, afirmó su amiga.
—Es muy aburrido pero estoy aprendiendo a cocinar y a tocar el violín, es muy difícil pero en Internet hay muchos tutoriales, declaró Ada.
—Ahhh y ¿tu familia está bien?consultó el Principito con precaución.
—Bueno, mi abuela está en el hospital —tartamudeó Ada a punto de echarse a llorar.
—Lo siento mucho, seguro que se va a poner bien aseguró el Principito sin saber muy bien qué decir
Al final no pudo aguantarse las lágrimas y empezó a llorar desconsoladamente.
—No te preocupes dijo él
Poco a poco Ada se fue calmando e indicó: bueno sigue preguntando que me he puesto a llorar y no he contestado a tus preguntas.
—No no no hace falta tranquila respondió él
—No importa, además eso me entretendrá aseguró ella
—Vale,¿tú tienes el covid? indagó su amigo
—No, no te preocupes si no, tendría síntomas, bueno mis padres
—¿Los niños no tienen síntomas? preguntó el Principito
—La mayoría no, pero no se sabe por qué contestó Ada
—Ah vale no tengo más preguntas afirmó él
—Yo sí para ti, ¿vives solo? indagó ella
—No vivo con mi rosa dijo el Principito
—¿Tú rosa?
—Sí,
¿Ada estás aquí? ¿Con quién hablas?¿Quién es ese? preguntó su padre
—Con el principito —contestó Ada con precaución.
--¿El principito? ¿¡Está aquí!? — exclamó su padre.
¡¿Lo conoces?!
—Sí, me conoce, fuimos amigos hace mucho tiempo. Es mi amigo el piloto ¿No lo sabías? —se extrañó el Principito.
—¿Papá, es verdad?— preguntó Ada.
—Sí, nos conocimos en un desierto y nos hicimos amigos. De todas formas ¿Cómo has llegado hasta aquí Principito?
—Te echaba de menos, entonces con mis pájaros vine hasta aquí, entré de casualidad a tu casa y conocí a Ada. Se parece mucho a ti, no sabía a quién me recordaba pero ahora que te veo sois iguales.
Candela Rubinos
Comentarios
Publicar un comentario