El Principito (Inspirado en Maasirä)

 Érase una vez, en un bosque de Damasco había un niño de trece años de edad, más conocido como el Principito, que vivía en  una familia de refugiados en Siria. Un país de Asia, en el Oriente Medio, situado cerca de Turquía, Líbano e Iraq. 

Un día, el Principito tenía que ir al colegio. La mañana era completamente normal, hasta el punto en el que,  a medio camino del colegio, unos helicópteros empezaron a sobrevolar el cielo, cubriendo la ciudad con sombras y oscuridad. Los helicópteros empezaron a soltar misiles y bombas de sus extensas bodegas, llenando los pueblos, barrios y casas con fuego y cenizas. El Principito, por todos los medios, intentó escapar de los misiles y de hecho lo consiguió. Pero al llegar a su casa, donde le esperaban sus padres y familiares, se llevó una desagradable sorpresa, allí estaba su abuela,  esperando para contarle lo sucedido.


—¡Oh!, Principito, tenemos que salir de aquí. ¡Este sitio no es seguro!

—Esta bien Abuela pero... ¿A dónde quieres que vayamos? 

—A un sitio seguro. Debemos ir a Europa.


Y así fue, pensaron que sería un viaje difícil,  pero ni se imaginaban cuánto se complicaría su viaje hasta Alemania. 

Ya habían salido del pueblo jugándose la vida, pero consiguieron llegar hasta el final del País, dispuestos a cruzar la frontera pero, cuando menos lo esperaban, un grupo de policías, armados hasta las trancas, los esperaron bloqueando la frontera. 

Pensaron que podrían cruzar desprevenidamente la frontera pero no hubo suerte.

—¡Estáis detenidos por traicionar a la patria siriana! —bramó la policía —Acompañadme los dos a prisión.


Los pusieron en celdas diferentes. Todo rodeado de guardias por todas partes pero al Principito se le ocurrió algo, quiso escapar por los conductos de ventilación hasta llegar a la celda de su abuela…

—¿¡Abuela!?—Fue gritando por ahí, entonces consiguió llegar hasta la celda.

—Abuela, ¿estás bien?

—Sí, Principito. Tenemos que salir de aquí como sea pero hay demasiados guardias.

—Abuela, yo he conseguido llegar hasta aquí por los conductos de ventilación.

—Esta bien pero démonos prisa.

Ambos entraron en los tubos hasta llegar al exterior y consiguieron escaparse. Su viaje continuó hasta llegar a Turquía.

—Ya estamos aquí, Principito; Ahí hay un puerto, podríamos coger un barco y llegar hasta Grecia —dijo la abuela.

—¡Pero abuela, no tenemos dinero!

Entonces se acercó un señor raro y les dijo:

—¿He oído que necesitáis dinero?

—Sí, así es señor.

—Si me conseguís un poco de cuero os daré dinerito para vuestro barco.

—¡Yo tengo un poco de cuero! Tome señor.

El Principito le dio su trozo de cuero para ganar dinero suficiente para tomar el barco.

—Ahora mi parte del trato, aquí tenéis.

—Pero señor, aquí solo hay para un billete de barco, y somos dos.

—Tranquilo, Principito —intervino la abuela— Tu vete en el barco, yo ya encontraré la forma de llegar al campamento.

Y así fue, El Principito se fue en barco hasta Grecia y la abuela buscó otra forma de llegar al campamento.


En el campamento griego, días después…


—¡Abuela! ¡Has conseguido venir!

—Así es Principito

—¿Y cuándo podré volver a ver a mis padres?

—Principito, yo… bueno, no te pude contar esto en Siria pero… Tus padres… Han muerto…

—¡¿QUÉEE?!

—Lo siento… Vámonos de aquí antes de que nos vean, nuestro próximo destino es Austria.

Al encontrarse en el campamento, la abuela le tuvo que contar la noticia que no le pudo contar en Siria. Ahora partirían a pie hasta Austria.


En Austria…


Estaban sorprendidos al ver la nieve, las casas y el bienestar que tenían todos en el pueblo.

—Principito, ve a ver si estos hombres te pueden ayudar.

La abuela se quedó en la nieve con una fogata que la mantendría con vida mientras regresaba.

El Principito fue llamando a las puertas, le respondieron bien y le dieron comida, no les echaron del país por ser extranjeros. Cuando volvió con la abuela para darle parte de los recursos que había conseguido, lamentablemente, a la abuela se le cayó el Burka a la fogata, haciendo que el fuego se apagase…

—¡Abuela, abuela! ¡Mira todo lo que he conseguido! —Grito El Principito — ¿Abuela? ¿¡Abuela!?

No hubo respuesta…

—¡¡¡ABUELA!!!

El Principito tuvo que continuar su viaje él solo hasta Múnich.

Allí conoció a una nueva familia que lo acogió. 

Desde entonces, El Principito no quiso saber nada más de Siria.

Vivió feliz y comió, apfelstrudel de manzana y regaliz.


Por Nicolás Busto

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