El principito y la cuarentena
Érase una vez una niña de 12 años llamada Alicia que estaba confinada en su casa por
un virus que estaba afectando a mucha gente. Estaba sola con su hermana de 20 años.
Un día, al terminar sus clases virtuales llegó volando un avión de papel por su ventana.
Alicia recogió el papel y vio que en él, había escrita una extraña historia con unos
peculiares dibujos en él.
Miró a través de su ventana y vio una bandada de pájaros a la cual perseguía un
pequeño niño de unos 10 años más o menos. Llevaba un sweater verde botella, unos
pantalones verde esmeralda y una bufanda amarilla. La niña no hizo caso. Le lanzó de
vuelta el avión, cerró la persiana, y continuó estudiando.
Pasaron unos minutos y empezó a oír la risa del niño. La risa la incordiaba y a la vez le
daba placer. Decidió ponerse su mascarilla y su abrigo y bajar a ver qué ocurría.
Aparentemente, estaba jugando con un pequeño perro abandonado de pelo rojizo que
rondaba siempre por las calles. Alicia le dijo:
—Disculpa, estoy estudiando y agradecería que permanecieras en silencio, y que te
pusieras una mascarilla. ¡Suelta a ese perro, que te va a morder y aparte de corona te va
a dar la rabia!
El niño se sorprendió y en su cara apareció una linda sonrisa.
—De qué… ¿de qué te ríes?— dijo Alicia, bastante sorprendida.
—Es que verás… ¡Este perro es mío! Además, no es un perro, sino un zorro — Dijo el
extraño niño.
—GRACIAS POR presentarme CORRECTAMENTE ya decía yo que de tanto que nos
conocemos, de repente me llamas de PERRO— dijo el zorro.
—¿Q—que…?—Dijo Alicia, bastante desconcertada.
—Nada, nada, tú déjale que hoy se ha levantado con el pie izquierdo y está un pelín
cascarrabias. Por cierto, me llamo Víctor, pero para los amigos, soy ¡El Principito!—
Alicia estaba muy sorprendida y se decía a sí misma «Tranquila, esto es todo un sueño,
no es real, si te pellizcas dejarás de soñar y esta locura se acabará…»
—Disculpa, ¿podrías pellizcarme?
—Vaya… otra que cree que está soñando… Voy a tener que trabajar muy duro si quiero
hacer que crea… Pensó el Principito.
—¡Claro!—
La pellizcó y… nada. Nada pasó. Bueno… excepto el pequeño gritito que soltó Alicia.
—Ay ay ay ay, ¿te he hecho daño?— Dijo él.
—No, que va… solo ha sido la impresión, pero nada más.
De repente, la bandada de pájaros que antes perseguía el Principito bajó al suelo. Alicia
se fijó en que, justo en el cuello, tenían unos collares de plata, como los que se usan
para los perros.
El Principito les puso unos hilos alrededor del cuello, donde los collares, que no
parecían muy resistentes.
—Venga, dame la mano— Dijo el Principito —¡¿Q—QUE?!— Gritó Alicia —Sip, nos
vamos— —N—nos..?— Alicia estaba muy desconcertda —QUE SIIII, QUE TE VIENES
CONMIGO— —P—pero…— —NI PERO NI PERA NI TRES CHINGOS, TE VIENES O
TE VIENES, PUNTO—
El Principito la agarró de la mano y la bandada alzó el vuelo. —¡ESTÁS LOCO!— Gritó
Alicia. —Si. ¿Pero sabes qué? Las mejores personas lo están.— Dijo él. Esto dejó a Alicia
pensando un buen rato. A decir verdad, ese niño era muy sabio. Pronto, atravesaron la
atmósefra. —¡¡¡¡VAMOS A MORIR!!!!— Gritó ella —Tranquila, tranquila, no va a pasar
nada…— —B—bueno…—
Y de ahí comenzaron a viajar por el espacio. Alicia vio muchas cosas que no conocía. El
asteroide B—325, 326, 327, 328… y el B—612. Ese era el planeta en el que vivía el
Principito, estaba infestado de baobabs. —Te he traído aquí para que me ayudes— Dijo
él. —Ammm… ¿En que se supone que debería de ayudarte?— preguntó Alicia. —En
arrancar los baobabs. Vamos, coje una pala.— Dijo el Principito, como si lo que hubiera
dicho fuera obvio.
Alicia decidió no quejarse. Cogió una pala y decidió no quejarse. Ella, él y el zorro,
acabaron al atardecer.
—Vaya… Menudo trabajo que hemos hecho…
— Suspiró Alicia, que no podía no con su alma.
—Si… Nos hemos esforzado mucho…Me lo he pasado muy bien contigo… Pero creo que
tienes que irte ya…— Dijo el Principito, algo triste.
—¡¿Q—QUE?! ¡¡YO NO QUIERO IRME!!— Alicia estalló en llanto.
—P—por favor… no quiero…— A Alicia se le rompió el corazón.
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