El principito

El principito. Yo creía que solo era un cuento hasta que el príncipito apareció en mi ventana una noche. 

Estaba confinada. Apartada de mis amigos, compañeros y parientes de manera temporal. Pero el libro del principito me ayudó bastante a sobrellevar los momentos difíciles pues Antoine de Saint-Exupéry también estuvo solo en una situación parecida a la mía al estrellarse en medio de ese desierto en el que se le apareció el principito, igual que a mí.

Esperó hasta que me desperté y dijo:                                                                             

—Tranquila no te haré nada.

—¿Tú eres el príncipito, no?

—Si soy yo

—¿Y qué…  haces… aquí? —pregunte con miedo.

—Pues vengo a ayudarte como hice con Antoine de Saint-Exupéry, cuando…

—…Se estrelló en el desierto —dije interrupiéndole

—¿Cóomo sabes eso?

—Pues porque he leído tu libro —le contesté, pero al ver su cara dije:

—¿No sabes  que existe un libro sobre ti, verdad?

—¿Y  porque iba a saber yo eso?

Saqué el libro de la estantería y le enseñé mis partes favoritas. Después de un rato salió el sol y me puse triste al pensar en invitar al Principito a salir fuera y caer en que estábamos confinados. Él se dio cuenta y tuve que explicarle lo del confinamiento y el Covid.

—Eso de la cuarentena no llega a mi planeta—dijo sonriendo.

—¿Y…?

—¿Que si quieres venir a mi planeta?

—¡Qué pregunta es esa!— dijo. De repente, todo desaparece debajo de mis pies y en vez de estar mi cama, debajo de mí hay un suelo de aspecto rocoso.

—¿Te gusta?

No sé qué decir, después de estar tanto tiempo encerrada en casa, estar en un mundo imaginado en los momentos de soledad me había paralizado.

                                                      

—Ven — me dijo en ese momento extendiendo su mano. 

Empecé a correr, después de tanto tiempo en casa me sentía libre. Un rato más tarde el Principito me pidió que le siguiese y lo hice. Me llevó a un sitio estupendo lleno de colores que no conocía del cuento.    

—¿Dónde estamos?

—En un sitio mágico   

—Eso ya lo sé— y los dos nos reímos.

Seguimos un rato hasta llegar a una cueva, entramos y de repente salió un tigre supergrande de colores  chillé e intenté correr pero el principe me paró.

—¡¿QUÉ HACES?!— le grito — nos comerá enteros.

—No nos va a hacer nada, esta es Morgana— al decir esto el tigre bajó la cabeza de modo elegante y dijo:

—Y tú eres Ainora

—¿Cómo lo sabes?

—Te he estado siguiendo ya varios años y sé que eres más especial de lo que piensas pequeña

—¿Especial, qué tipo de especial?

Un tipo de especial que solo salen en libros. 

Se tumbó, me monte en su espalda y empezó acorrer.

—¿Qué haces?— le grite al Principito

—El resto del viaje te acompañará Morgana

—¿Qué viaje?  ¿Y  por qué no vienes? —no me contestó y me alejé con la tigresa. Llegamos a un árbol.

—Es precioso— dije 

—Mejor dicho: mágico—dijo morgana. Rodeamos el árbol y vimos una puerta.

Morgana le dio con la pata y la abrió. Dentro había muchos animales de colores como Morgana. 

—Bienvenida Ainora— dijo un lince 

—¿Por qué todo el mundo sabe mi nombre?

—Porque eres especial— dijo un águila que aterrizaba al lado del lince

— Yo soy Hela, esa es Odin— señalando a un lémur— ese de allí es Nott— señalando ahora a un jaguar.

—Tienes un rol muy importante en este mundo, Ainora

—Qué rol?

—Tienes que adoptar un animal mágico como nosotros que te pueda contar todo—me explico Nott.

—¿Por qué no me lo podéis contar vosotros?

—Pues porque lo tenemos prohibido, porque no somos los adecuados para contártelo.

Todavía montada en Morgana pasamos a otras habitaciones hasta llegar a unas puertas de plata con muchos cerrojos que brillaban de una panera que no podría explicar.

—Aquí encontraras millones de animales mágicos— dijo Morgana

—¿Cuál de ellos puedo elegir?—

—El que quieras— dijo Odin

Un lobo saltó enfrente de mí y flipo. Era preciosísimo, se empezó a acercar a mi y estiré la mano para tocarlo y al rozar su suave pelaje sentí un tipo de electricidad surgir por mi cuerpo y sabía que este era el que había elegido.

— Hola ¿te tengo que poner un nombre o ya lo tienes?—

— Me lo pones tú ahora— dijo el lobo 

— Tienes cara de Kira, ¿te gusta?—

—Me encanta.

—Me han dicho que me tienes que explicar que está pasando y por qué estoy aquí— le dije a Kira

— Si pequeña— me explica Kira— estás aquí para resolver unos conflictos que ha estado habiendo en las montañas de picos.

*En este punto, salí corriendo del árbol gritando el nombre del Principito para que me volviese a llevar a mi habitación, era preferible estar confinada.


Comentarios

Entradas populares de este blog

Una vida de perros

El día nublado

Papeles