Historia
Érase una vez, una niña llamada Jessyca que vivía en Madrid.
Se encontraba en una situación bastante complicada, en una
pandemia mundial causada por una nueva enfermedad: la
Covid—19, que la mantenía presa en su propio hogar.
Estaba en su casa con su familia formada por su hermana Erika,
su madre María y su padre Pablo.
Todos estaban confinados en su casa porque, si no, el virus se iba
a extender y contagiar mucho más a toda la población.
Jessyca estaba en su habitación haciendo su cama, cuando de
repente, detrás de las cortinas, apareció un niño pequeño, rubio,
con un traje verde y cinturón rojo.
Se quedó en estado de shock durante algunos segundos, porque
no se podía creer lo que estaba pasando.
Le recordaba a un personaje que leyó en el último libro que se
había leído. De repente el niño le dijo:
—Hola, soy el Principito. Vengo desde muy lejos y el destino
parece que me ha traído hasta aquí.
Jessyca se atrevió a decirle algo:
—Hola —dijo muy asustada— ¿estás bien?
—Estoy bien, pero sinceramente no sé qué hago en este mundo.
Jessyca no entendía muy bien el contexto, pero le contestó:
—Si quieres te puedes quedar escondido en mi habitación hasta
que busquemos una solución.
Durante los días que fueron pasando, Jessyca le traía comida al
Principito. Pasaba mucho tiempo con él, cuando antes de que el
Principito llegara estaba más tiempo con su familia.
Sus padres empezaron a sospechar que algo estaba pasando, así
que decidieron hablar con ella.
Estaba en su habitación jugando en el suelo con el Principito,
cuando su padre giró el pomo de la puerta.
—¡Corre!, —dijo muy acelerada al Pricipito.
El padre de Jessyca habló con ella, todo iba con normalidad.
Las semanas iban pasando y el coronavirus también. Pedro
Sánchez declaró que ya se podía salir a la calle definitivamente.
Y en ese momento Jessyca y el Principito decidieron hacer algo.
Fueron al salón, donde se encontraban sus padres. Y Jessyca muy
asustada dijo:
—Papá, mamá, esto os va a sorprender mucho, incluso puede que
os asustéis pero… el Principito está en casa.
Pablo— ¿Co..co..cómo? ¿el de los libros?
Sí. ¿Os acordáis cómo acaba su último libro? pues ha venido
desde muy lejos y necesita alguien que le cuide.
—Pero… no sabemos nada de su familia ni de su vida —dijo su
madre.
—No te preocupes, a él también le apetece quedarse.
—Por mí no hay problema —dijo Pablo.
El Principito se quedó viviendo con la familia, fueron felices y
comieron espaguetis y otras comidas ricas.
Por: Blanca González Pérez
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