La Cuarentena
Era el año 2000, a Raquel le encantaba mirar las estrellas por las noches y pensar que ella, algún día, podría viajar a todas ellas como en los cuentos que le contaba su madre y explorar todo el espacio. Ella se imaginaba que vería extraterrestres. El planeta al que más deseaba ir era marte. Se preguntaba todos los días, año tras año, todas las noches ¿Estaremos solos o habrá alguien que sea como nosotros?
Raquel no sabía lo que le esperaba esa misma noche. Mientras miraba a la Vía Láctea, de repente, vio a un niño caer del cielo y lo que parecía ser un Zorro junto a él. Cuando terminó de caer sonó como si se hubiera caído la luna a la Tierra. La niña no dudó en ir a ver lo que había pasado, bajó las escaleras, abrió la puerta y pegó un portazo de la emoción. Fue a donde había caído esa cosa tan rara con forma de niño. Cuando llegó vio humo y solo humo. A los pocos pasos había un cráter gigante. Miró con intriga y a la vez, muchísimo miedo. Dentro había un niño.
En la escuela habían leído el Principito y ese niño se parecía a él. Ella estaba ansiosa por contarle a todo el mundo su historia pero pensó que a ese niño quizá no le gustaría que lo hiciese. Pero le dio igual y se fue a su casa otra vez para coger una cámara de fotos pero, entonces en cuanto abrió la puerta, su madre y su padre estaban que echaban humo de la ira y de la preocupación. Sus padres la regañaron. Pero ella no les prestaba atención y pensaba en aquél niño que se podría haber ido. Raquel esperó y esperó pero el tiempo se le hacía eterno hasta que al fin terminaron. Cogió la cámara de fotos pero cuando llegó, el niño estaba despierto. Entonces le preguntó si le podía hacer una foto y el niño le contestó «no por favor no me gustan las fotos». Pero la niña, a pesar de esa frustración que sentía por dentro de no haberle podido hacer la foto, no dudó en ayudarle y lo escondió en su casa sin que sus padres se dieran cuenta.
El Principito observó que su Zorro no estaba con él. Entonces le preguntó a la niña:
—¿Has visto a mi Zorro? —Raquel dijo que no. Buscaron en el cráter y ahí estaba durmiendo. Lo cogieron y se fueron a su casa.
20 años después
—Hola Principito, cuanto tiempo sin verte ¿Qué tal estás?
—Bien ¿y tú Raquel?
—Muy bien. La verdad, me resulta muy raro que ahora seas más alto que yo, Principito.
—Jajajajajaja, ¿qué te puedo decir? he crecido más.
—¿Bueno y qué tal por tu país? bueno tu planeta ¿te sigue gustando mirar el amanecer?
—Sí. La verdad es que me sigue gustando mucho, bastante no demasiado.
—Ahora me toca preguntarte a tí, ¿te parece bien?
—Pues claro. Venga, pregunta.
—¿Qué tal vas en tu casa?
—Muy bien, pero… pero…
—Pero que no me dejes con tanta intriga mujer.¿Pero qué?
—El coronavirus me está fastidiando muchas cosas y tengo miedo de que algún familiar mío muera.
—¿El qué...?
—El coronavirus es un virus nuevo que está matando a un montón de gente.
—¿Y se ha muerto alguien de tu familia? Si no quieres no hace falta que me lo digas.
—No. Por ahora no.
—¿Y qué tal te va?
—Bien por ahora, creo que al final mi cumple se va a poder celebrar, pero aún no lo sé.
—¿Pues qué pena no?
—Si. Es muy triste, pero en las noticias dicen que dentro de muy poco saldrá la vacuna, bueno en unos cuantos meses.
—¡Qué rollo! Pero bueno tengo que irme, ya nos veremos el año que viene.
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