Mi mundo feliz
A día de hoy sigo teniendo pesadillas por las noches. Desde aquel día en el que mi padre no me hizo caso. He ido a nuevos psicólogos y ninguno de ellos me ha dicho qué podía pasarme. Por ello, mientras espero a que alguien me ayude a salir de este pozo sin fondo intento ir a mi lugar feliz. Diréis: «¿Lugar feliz? Eso no existe», pues creedme que sí. Para escapar de mis pensamientos lo que hago es intentar distraerme. Por ejemplo, la hierba, aunque parezca una tontería es muy tranquilizadora. Os lo demostraré. Pensad en que estáis tumbados en la piscina, rodeados de hierba, tomando alguna bebida, quizá tomando el sol; pues ese es mi lugar feliz, esa es mi vía de escape. Ahora os explicaré por qué estoy contándoos todo esto, la razón de por qué soy huérfana y destinada a vivir sola.
Todo empezó una Navidad, yo tenía unos trece años y mis padres y yo estábamos cenando. Lo típico ¿no? Pues fuimos a tomarnos el postre, el favorito de todos, una buena taza de chocolate caliente. Entonces cuando mi madre estaba trayendo las tazas mi padre nos tocaba con su guitarra una de las canciones preferidas de mamá. Todo ocurrió tan rápido que no me dio tiempo a reaccionar. Cuando mi madre empezó a beberse el chocolate, notó algo raro, se empezó a marear y cayó al suelo. Vi que mi padre también estaba bebiendo e intenté detenerlo, pero no me hizo caso. Empecé a gritar y mi padre también cayó. No paraba de preguntarme, quién haría algo así, después me miré en el espejo y vi que tenía un frasco de veneno en la mano.
Comentarios
Publicar un comentario