Nunca pensé
«Nunca pensé que al escribir su gran obra, el Sr. Saint—Exupéry hablase en
serio. No creo que nadie se lo imagine hoy en día, pero, yo... yo lo viví.
Les contaré cómo sucedió todo.
Yo tenía 14 añitos, y era la más popular de 2º de la ESO, o lo había sido, hasta
antes de la pandemia. Mi madre me había acostado esa noche, hacía frío y me
puse mi pijama más gordo. Todavía me acuerdo de él, con estrellitas y lunas.
Tenía el mejor teléfono del mercado por entonces, hoy en día se consideraría
un objeto de coleccionista. Esa noche estuve hablando con mis amigos por
Snapchat y Twiteé un par de cosas. Snapchat y Twitter, aplicaciones. Ahora
todo está en vuestras cabezas, pero antes, estaban en la nube. No
entenderíais qué era aunque os lo explicase mil veces. También me enteré de
que habíamos llegado a los 300.000 muertos por el virus. «Casi medio millón»
Pensé. Después de eso puse la alarma a las 8.30h para el día siguiente, y
cerré mis ojos tratando de no centrarme en la cifra… «300.000, 300.000,
300.000…»
Debían de ser las 3.30h de la madrugada del día siguiente cuando comencé a
escuchar unos extraños ruidos. No les presté mucha atención, seguramente
fuera la Señora Clementina abriendo su nevera a medianoche como de
costumbre. Pero se volvieron aún más extraños cuando empezaron a
percibirse desde mi ventana. Tuve que abrir los ojos, y recuerdo con el mismo
sobresalto el susto que me llevé al ver claramente al protagonista envejecido
de mi obra literaria favorita rogando entrar en mi casa.
Me acerqué a la puerta de mi habitación con miedo pretendiendo avisar a mis
padres, pero algo en su mirada me decía que no debía temerle. Estaba
confundida, pero auu así, me acerqué a la ventana silenciosamente, y le dejé
pasar.
El metal que rodeaba al cristal estaba frío. Frío. Sentí el mismo frío en mis
manos que cuando esperaba en el patio antes de entrar en clase.
Me miró fijamente: «Pequeña, no debes temerme. Aunque no lo sepas, lo
sientes, hazle caso a eso. He percibido que me has identificado. Estás en lo
cierto» Empecé a sentir un dolor de cabeza repentino. «Relájate, ya le pillarás
el truco» No entendía nada. «A lo largo de mis viajes comprendí el significado
de las estrellas. Estos últimos meses han aumentado. En cuanto acabe el ciclo
desaparecerán muchas. Y también tus preocupaciones» No había pronunciado
ni una sola palabra, pero de algún modo, le había oído. Sin que me diera
tiempo a preguntarle qué significaba todo lo que me había hecho interpretar, se
dirigió hacia la ventana, y desapareció.
Acabó el año, y en enero hubo un baby boom. En marzo desaparecieron todos
los casos de covid y este también, sin haberse dado la aparición de ninguna
vacuna.
Hoy, a mis 84 años de vida, lo comprendo todo. Cuando tome mi último aliento,
mirad al cielo, podréis verme volar por primera vez». Mi abuela era una
magnífica escritora, nunca se dedicó a ello, por desgracia. Este fue su único
escrito, es como si hubiera estado pensando en este relato durante toda su
vida y esperase a su último día para escribirlo.
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