Relatos sobre el bullying
Concurso Nacional de Microrrelatos sobre el BULLYING, dirigido al alumnado de ESO.
Los participantes pueden enviar sus microrrelatos a partir del 1 de diciembre de 2020. El plazo de entrega finaliza a las 23.59 h del 31 de marzo de 2021El cuerpo de Kay
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| Ilustración: Noa Egido |
Mi nombre es Kay y soy una niña deforme. No sientas pena, no me duele solo soy de otra forma, más bien mi cuerpo es de ora forma.
Nunca he tenido problemas con relacionarme, a pesar de mi raro aspecto, yo lo intento, digo: lo de tener amigos. A veces siempre se cuela un «¡qué grima das!» o un «¡aléjate!» pero mi asombroso cuerpo me enseña a diferenciar a esas personas que valen de las que no.
Iba a la escuela primaria de Lima en Perú, en el cole eran dos o tres los que se burlaban de mí, pero al instante se solían dar cuenta de que hacían el ridículo y se callaban.
Mi verano fue genial. Pero, como si de dos segundos se tratara, ya estaba de nuevo en clase, esta vez en 1º de Secundaria. Mi mejor amiga se fue a oro instituto, pero me quedé con mis otras dos amigas y el resto de la clase.
Me empecé a dar cuenta de que las burlas eran más de dos o tres y más bien cuatro o cinco al día. Pero no me molestó, ni siquiera se lo decía a mi madre ¿para qué?
Uno de estos días, mientras salía, un niño de tercero corrió hacia mí, mis amigas se apartaron y poco después se marcharon corriendo. Un niño me agarró y sus amigos me encerraron en un corro. Después de unas cuentas palizas, me quitaron la mochila y me tiraron al suelo. Intenté no llorar, pero me dolía todo: los brazos, las piernas… y sentí algo que nunca había sentido: me sentí avergonzada por mi propio cuerpo.
No quería ir al cole, me puse tres capas y un abrigo intentando que la montaña de mi espalda desapareciese, me tapé las piernas que, torcidas, sudaban bajo mi pantalón.
—Hija, estamos en Septiembre todavía hace calor —dijo mi madre.
—Da igual —contesté.
Salí del cole con un moratón y sangre en el labio, así durante tres semanas. Por las noches lloraba, deseaba que mi cuerpo fuese como el suyo. Me intentaba torcer las rodillas Hacia el lado correcto y me pegaba puñetazos en la espalda esperando obtener algún resultado. Pero no era nada que pudiese cambiar. Intentaba evitar a mi familia y pasaba la mayor parte del día en mi cuarto, así durante dos meses. No podía más.
Mis pensamientos me dejaban fría y deseaba deshacerme de mi cuerpo y eso intenté.
Mi madre abrió la puerta de mi cuarto. Me encontró ahí intentando acabar con todo. Gritó y me abrazó.
—Nunca, nunca dudes de que no te necesitamos. Yo te quiero aquí —dijo entre llantos.
Con el tiempo mejoré, se denunció el acoso de los cuatro niños y ahora me dedico a a yudar a esos que una vez se sintieron como yo.
¿POR QUÉ?
Leire Bernardino Sancho
La gran decisión
María Lestau
Todo empezó el siete de septiembre, mi primer día de clase en el instituto. Desde siempre me ha costado hacer amigas, soy una persona un tanto introvertida y no solía encajar en ningún grupo como todas las demás. Pasaron algunas semanas y un día, harta de sentirme totalmente invisible, intenté acercarme a un grupo de chicas, aquella fue probablemente la peor decisión de mi vida, desde entonces mis días en aquel instituto se volvieron mi peor pesadilla, me seguían hasta casa para acorralarme y pegarme. Sentía que no podía hacer nada al respecto y no me veía con la capacidad de continuar con esa vida. Ahí estaba yo, al borde de ese alto edificio preguntándome si realmente me merecía la pena saltar y acabar con todo aquello que me estaba rompiendo por dentro. Claro que , desde esa altura, las cosas tomaron otra perspectiva.
Diferente:
Alberto R.V.
Me despierto. Estoy ahogándome en un vacío interminable. Necesito ayuda, pero ¿a quién acudir?. Mientras pienso me ahogo. Sin pensar, ya con hábito, me levanto, me cepillo los dientes, desayuno, y voy al colegio. Entro. Esta corta paz no será larga. Ya vienen. Se me acelera el pulso. Corro. Me derriban. Corro. Llego a clase. Otra corta tregua. Todos, sospecho que incluso el profesor, se ríen de mí, ya que no comprenden que no soy como ellos (no tan estúpido, al menos). Odio mi vida, aunque supongo que será por no tener ninguna otra con la que compararla. Las personas en África viven peor que yo, aquí en España ¿o no?. Ya es la hora de volver a casa, aunque no sé ya si mi casa es peor que el colegio. Desde luego me pegan menos, pero mis padres se pelean siempre. Me duermo, esperando a que se repita el ciclo mañana.

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