Juan
Juan
Noa EN
Juan es un hombre de 87 años, últimamente su cerebro falla, no recuerda bien del todo e incluso en alguna ocasión se ha caído.
Se siente viejo y un estorbo, su hijo ha decidido llevarle a vivir a otro sitio.
—No te preocupes papá, te tratarán bien.
Juan no tenía más remedio que creerle. Pero le daba miedo, ¿y si al entrar en ese sitio se aleja al completo del todo, o no ve a sus nietas más, y si se olvida de todo y...y si muere allí?.
A las 10:02 le despertó el pitido del coche de su hijo, se despertó y vio que tenía una maleta hecha a sus pies, tardó unos segundos en recordar por qué. Salió de la cama abriendo las sabanas de forma violenta y se quedó paralizado.
Juan hacía tiempo que no recordaba nada de hace más de unos meses, pero...al mirar al suelo, vio una foto con unos cuantos cristales rotos, la cogió, seguía paralizado, sentado sobre la cama, la foto era…¿era él? Sí, él de pequeño. Aquella afirmación retumbó por su cabeza y de nuevo cogió aire y abrió bien los ojos.
«Recuerdo, ese, ese dia el 12, 13 de Mayo en la casa del prado. Recuerdo…»
Juan se levantó con la foto en la mano y salió de la habitación, su casa estaba vacía, los muebles estaban llenos de huellas de polvo.
«Recuerdo correr libre por la cuesta de flores amarillas y caer rodando sobre todas ellas, recuerdo a lo lejos personas riendo juntas, con el paso sincronizado, recuerdo que todo era tan colorido que hasta los pájaros lo celebraban y que, al entrar en casa, el pan recién hecho llenaba mi pequeña boca de agua y el calor de gotas mi espalda».
Pero un nuevo pitido lo sobresaltó:
-¡¡¡PAPÁ!!!- se oyó desde fuera de la casa.
Juan movió la cabeza, cogió el abrigo y antes de cerrar la puerta, dejó la foto sobre la mesilla de entrada, la miró buscando algo, pero eso era todo lo que recordaba.
—Por fin...Papá. Estaba preocupado.
—No te preocupes hijo, estoy perfectamente.
Y con un portazo cerró la puerta del coche.
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