La injusticia de la Justicia

 Desempate del concurso de relatos de Halloween




La justicia es injusta a veces

Carolina B.

Crecí con el dicho «la justicia es injusta a veces», pero nunca lo entendí hasta aquel día.

Yo estaba trabajando en la oficina, como cualquier día, pero de repente, sonó una alarma en toda la oficina, y la gente asustada empezó a gritar, preguntándose lo que ocurría. Al cabo de unos minutos la alarma dejó de sonar. Entraron diez policías en la oficina preguntando por el jefe Andrews. Los ayudantes del jefe, miraron hacia arriba, hacia el suelo, hacia cualquier parte que no fueran los ojos de los policías. Les preguntaron y dijeron que les acompañaran a su despacho, en su despacho les contaron lo que había sucedido.

Los policías rápidamente llamaron a una ambulancia, para recoger a aquel hombre, que  se encontraba bajo la ventana. La policía pensó que fue un simple suicidio y decidieron abandonar el caso, pero una curiosa e inquietante trabajadora de la oficina no compartía lo que pensaban los policías. Yo no sabía que pensar, no creo que el jefe quisiera acabar con su vida, porque tenía familia, pero las pruebas indicaban lo contrario. Pero quizá esa era la primera prueba a nuestro favor, debido a que todo era demasiado perfecto, no dejaron ninguna prueba y a la vez no tenía sentido el que el jefe quisiera acabar con su vida voluntariamente, sin razones. La trabajadora, que se llamaba Carolina, no se daba por vencida, pidió a la policía los registros de los últimos suicidios, pero la policía lógicamente se negó. Pero no, no se dio por vencida, entonces hizo algo de lo que no saldría airosa. Se infiltró, bueno mejor dicho, intentó infiltrarse en la policía, pero con un traje del chino y una placa de plástico no le valdría para infiltrarse en la policía, pero bueno, lo importante es la intención.

Pues no, este dicho no le sirvió de nada, no siempre la intención es lo cuenta… Después de seis veces, de un intento tras otro, la policía mantenía su postura, es decir que sabían que era ella y que seguía en contra. Al final, la última opción que se le ocurría era colarse de noche, eso sí, digamos que no lo pensó mucho. Al llegar la noche, nuestra joven aventurera subió a la azotea y se coló por la chimenea. Mientras iba descendiendo por la chimenea, ella estaba pensando en qué iba hacer al caer. En cuanto sus pies, entraran en contacto con el suelo, desactivaría la alarma, para lo que antes debía pasar unos rayos láser. Todo iba bien, hasta que un guardia escuchó un ruido y ella, asustada, cogió los últimos registros de suicidios, los cambió por otros de facturas, pero con la misma portada, para levantar sospechas, y salió por la puerta como un rayo. Sé lo que estáis pensando, cometió un delito para resolver otro.

A la mañana siguiente, los policías recibieron una llamada anónima de que habían visto a una joven chica colarse en la policía. Revisaron las cámaras, pero claro, la joven Sherlock había desactivado las cámaras, entonces no vieron nada. La policía le dijo al señor que hizo la llamada, que era un delito, hacer una broma a los policías.

Carolina se enteró por rumores. Pero decidió ignorarlos, y seguir investigando por su cuenta. Al cabo de un par de semanas, descubrió algo inusual, todos tenían algo en común, el mismo lugar. Fue a la zona de los hechos e interrogó a todos los trabajadores, pero solo uno estaba a la hora exacta de cada suicidio.

Carolina llamó a la policía y aquel hombre acabó entre rejas. Pero no todo fue feliz, al final Carolina acabó entre rejas también, por haber cometido un delito colándose en la cárcel. Cuando le pusieron las esposas, Carolina dijo: «La justicia es injusta a veces, he ayudado a descubrir más de un crimen, y me encarceláis»

Ahora ya han pasado cinco años y ya soy libre. Y sí, sé lo que estáis pensando, si soy Carolina, y un consejo, no os fieis de la justicia porque la justicia es injusta a veces.




                                   LA JUSTICIA ES INJUSTA A VECES

Germán S.F.

Era una noche lluviosa de invierno, en la mansión de Rotemberg vivía una familia. Tenían dinero y un montón de cosas interesantes pero no eran felices. Esta familia estaba formada por una mujer, Alicia, un hombre llamado Robert y una única hija llamada Lidia. Los dos adultos trabajaban hasta tarde por lo que Lidia pasaba mucho tiempo sola en su casa, bueno sola no, con su mayordomo, la chica de la limpieza y el cocinero. Una trágica tarde al volver de trabajar, Alicia encontró a Lidia muerta en medio de la habitación y con un cuchillo justo al lado del cuerpo de la niña. Sin dudarlo ni un segundo y destrozada por la muerte de su hija llamó a la policía y cerró todas las puertas de su casa para que nadie pudiera salir. Los tres principales sospechosos eran los tres trabajadores de la casa ya que ese día no había entrado ni salido nadie del recinto de los Rotemberg. La policía comenzó a investigar el caso y empezaron por la habitación de Lidia. Cogieron con mucho cuidado el cuchillo e investigaron dentro de la cama, en el suelo, en las paredes tan solo encontraron un trozo de tarta debajo de la cama de Lidia. Luego investigaron el cuerpo de Lidia y encontraron un fuerte golpe en la cabeza y una herida muy profunda en el corazón.Como ya te habrás dado cuenta el principal sospechoso era el cocinero ya que era el único que trabajaba con dicha herramienta.  Pero la policía decidió interrogar a los tres.


Empezaron por el mayordomo que dijo que ese día solo había visto a Lidia después de llegar del colegio y que no la vió más. Después continuaron con la señora de la limpieza que dijo que no pasó por el cuarto de Lidia en ningún momento ya que Alicia le había dicho que se ocuparía de limpiar la zona del salón ese día. Por último hablaron con el cocinero que dijo que había estado todo el día haciendo una tarta para la cena. La policía después de unos días detuvo al cocinero y se produjo un juicio. Los padres de Lidia contrataron al mejor abogado de la ciudad para vengar la muerte de su hija. El abogado puso sobre la mesa las siguientes cuestiones, es un poco raro que un cocinero profesional tarde un día entero haciendo una tarta y que justo se encuentren restos de esa tarta debajo del lugar del crimen. El juez tras considerar mucho estas cuestiones y tras encontrar las huellas del cocinero en el cuchillo condenó al cocinero a cuatro años de prisión por homicidio a un menor. 


Resulta que el pobre inocente cocinero tuvo que cumplir tres años de su condena, y dirás ¿pero no eran cuatro? Sí, pero después de esos tres años se demostró que él no había sido el culpable de la muerte de Lidia. La familia Rotemberg vendió la casa a una pareja que decidió hacer reformas. Cuando fueron a tirar una pared del cuarto de Lidia se dieron cuenta de que había una cámara de seguridad. Siendo conscientes de lo que había pasado allí decidieron llevar la cámara a la policía, donde se dieron cuenta de la verdadera causa de la muerte de Lidia.Lidia volvió tan cansada del colegio ese día que decidió llevarse la tarta a su habitación y cortarla allí, con tan mala suerte que al ir a cortarla se resbaló y trás darse un fuerte golpe con la mesa el cuchillo se clavó en su cuerpo. Esto demuestra que a veces la justicia se equivoca y que hay muchas personas que pasan la peor experiencia de su vida sin haber hecho nada.


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