Relatos corales


 

Una historia a recordar

Isabel P. A.

Leire B. S.

Sara C.J.

Martina T.H.

 

 

Eran dos jóvenes enamorados, se complementaban, estaban destinados uno al otro. Esta es su historia:

 

Uno era un apasionado por la vida, con un objetivo claro: conocer a su alma gemela. Por otro lado tenemos a una mujer madura pero sin ilusión. Un día cualquiera, un milagro ocurrió, se juntaron. El destino hizo que se cruzaran en un simple autobús, del cual el chico bajaba y la mujer entraba. Al mirarse, la mujer, tan tímida como siempre, apartó rápidamente su mirada. Sin embargo, el chico sintió que aquella mujer era el amor de su vida y por ello no la podía dejar escapar, o se arrepentiría el resto de su vida Por lo que el chico decidió volver a subir para acercarse a hablar con ella. Allí la vio, sentada al final del autobús leyendo una revista de moda. Estaba tan guapa como siempre la había imaginado. Continuó andando hacia ella, y cuanto más se aproximaba, sentía su corazón más y más fuerte. Cuando por fin llegó a la última fila de asientos, sus latidos eran tan rápidos que se quedó casi, petrificado. Durante unos instantes, estuvo inmovil, mirándola con incredulidad. Y de repente la besó. Al momento de apartarse, se arrepintió profundamente, pero había sido un impulso que no había podido contener. Un segundo más tarde, el chico le dijo a la mujer,

 

—Por favor no te enfades, pero es que no puedo evitar sentir esto por ti, no puedo contenerme, te necesito.

 

Pasaron unos segundos que se hicieron eternos. Entonces, la mujer, la cual no había dicho una palabra hasta ahora, le miró con cara de asco y se bajó del bus tras haberle dicho:

 

—Pues a ver si aprendes a controlar esos impulsos. 

 Esta era la historia que la mujer le repetía a su enfermo marido día tras día, para ver si contándole el momento en el que se conocieron, podría recordar quién era ella.


Aracnofilia

 

 



 

En un pueblo muy lejano vivía una araña, aquella araña tenía varios hijos y cada uno de ellos vivía en un árbol distinto. Aquel conjunto de árboles se encontraban en lo alto de una montaña en forma de círculo con un profundo pozo en el medio. Los bebés arañas bajaban cada día al pozo para hidratarse con sus aguas subterráneas. Uno de los días, al bajar al pozo, como hacían habitualmente, se encontraron con algo que les sorprendió mucho. Un gran grupo de arañitas poceras estaban ya yéndose del pocito y cuando pudieron ver su pozo despejado, para su sorpresa, estaba prácticamente seco.  Se quedaron petrificadas debido a que ese día era un día especial, era el día internacional de las «wikis» un día en el que se celebraba la hermandad arañil, en el que se conmemoraba la gran sociedad que habían creado, basada en compartir y respetar. 

 

En cambio, las arañitas que estaban acostumbradas a tener el pozo para ellas solas y a vivir en calma conviviendo sólo con ellas mismas, estaban ilusionadas por aquel día pero acabaron decepcionadas tras no poderlo celebrar como a ellas les hubiera gustado. Las invadieron y todo el día fue de mal en peor. Aquel era el día de la fraternidad, todas las arañas debían apoyarse, y en vez de eso, las arañitas poceras se habían bebido todo el agua dejándolas a las otras sin nada. ¡Qué malas! Aunque claro, ellas aparentaban ser super buenas, todo el mundo pensaba que eran unos angelitos  y que no tenían nada de malo, pero en la realidad eran los verdaderos demonios de todo el monte. Ellas en el exterior pretendían ser unas arañas modélicas que después por dentro no lo eran. Así que  las arañas estaban dispuestas a proteger su hogar y, mientras luchaban por su territorio, acabó cayendo su líder y las arañas veteranas habían perdido bastantes hermanas pero al menos salieron victoriosas. Al final de todo lo ocurrido las arañas se dieron cuenta de que podrían haberlo ejecutado de otra manera y que, al fin y al cabo, el día de los wikis está para pasarlo bien, aquel día hizo reflexionar mucho a las arañas a tal punto de que se separaron y cada una fuera por su camino.

 


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