Momo

   




    Hace unas semanas que mis padres no paran de trabajar, antes íbamos todos juntos al cine, a un picnic, jugaban conmigo, … Ya no, todo ha cambiado porque no tienen tiempo de hacer esas cosas, tampoco tienen tiempo para mí ni para mi hermano, ahora vamos al colegio en autobús, después volvemos a casa, merendamos y estudiamos. Cuando hemos terminado, vamos a ver a Momo. Antes podíamos volver antes de cenar pero ahora volvemos antes de que llegue nuestro padre porque no les gusta que vayamos. Una vez mi padre llega a casa, mi madre sigue en el trabajo y mi padre se pone a trabajar en el ordenador. Yo hago la cena para todos, se la llevo a mi padre porque dice que no tiene suficiente tiempo para ir hasta la mesa y dejar de trabajar así que come mientras trabaja, mi hermano y yo cenamos solos y nos dormimos. Mi madre llega de noche. Echo de menos poder estar con ellos, pero podría ser peor. Algunos amigos nuestros no tienen hermanos y tienen que estar todo el rato solos, encerrados porque sus padres no les dejan ir con Momo, porque dicen que son personas que pierden el tiempo y los tienen vigilados. Desde que los adultos tienen esa mentalidad, las calles dan un poco de miedo porque ya no hay nadie, en las tiendas ya no hay el ambiente que solía haber de alegría y risas, en la peluquería ya no te hablan, en los restaurantes ya no hay nadie, porque no tienen tiempo de divertirse, ahora todo es triste, gris y monótono. 

Y ya cansada de todo esto, fui a ver a mi madre y le dije «ve con Momo», que es algo que la gente decía sin parar para solucionar problemas, pero cómo no, no tenía tiempo así que salí corriendo y me escapé. Obviamente, mi madre fue detrás de mí histérica, me siguió hasta el anfiteatro donde estaba Momo, hasta que rendida se sentó en las gradas porque estaba agotada de ir detrás de mí. Llamé a Momo que se sentó a su lado y mi madre se puso a hablar de lo atrasada que iba, de cómo ha cambiado todo. Hasta que, por fin, llegó a la conclusión de que hacía mucho tiempo que no estaba allí y que lo echaba de menos, también se preguntó por qué no venía y por qué no le gustaba que la gente estuviera relajada sin hacer nada, les tenía envidia. 

Desde ese día mi madre ha vuelto a ser la que era, necesitaba ir con Momo.

Valeria MS

Comentarios

Entradas populares de este blog

Una vida de perros

El día nublado

Papeles