Pájaros volando
En la ventana del cuarto de mi madre pintado de amarillo mostaza, donde duermo yo, siempre hay un pájaro posado, yo nunca me he acercado a él, me da miedo que salga volando, como mi abuelo, como mi hermana. Ahora salgo a la calle, me tapo el pelo y el cuerpo, al principio lo hacía por deseo, por gusto, por ganas, pero ahora todo eso se ha ahogado en el miedo.
El sol era muy fuerte estos días, y casi nunca salía, pero esta vez acompañé a mi papá al mercado. Entré en casa y el pájaro seguía ahí, qué bonito es, de noche se marcha pero siempre vuelve.
De noche mi madre me dio un beso en la frente y me arropó.
Me desperté en medio de la noche, hacía fresco. Miré a la ventana con una sonrisa sabiendo que el pájaro no estaría pero para mi sorpresa ahí estaba, y me miraba con sus ojos negros que parecían gotas de tinta, entonces, me acerque a él y no salió volando, se quedó conmigo, lo toqué, pero el pájaro irrumpió en el silencio de la noche moviendo las alas.
—¿Quieres que vuele contigo pajarito? —dije.
Me puse en la ventana junto a mi pajarito y mire abajo, no estaba muy alto, estaba oscuro, me sujeté el pelo, que se movía con el viento, mi camisón también lo hacía, me levanté en la ventana y mis pies sintieron el frío de la piedra, luego sonreí.
Pajarito salió volando, y yo le miré, mejor dicho yo le envidié, desde la ventana, no sé por qué sabía que mi pájaro no volvería, así lo prefiero, me gusta pensar que se fue donde mi abuelo y mi hermana. Ya no dormí, disfruté del viento y el frescor de la piedra en mis pies.
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